Desde que inició la pandemia, la evolución de los indicadores económicos en el país ha requerido una atención minuciosa. Por un lado, se requiere conocer la profundidad de los impactos y desequilibrios que en muchos aspectos han afectado a la economía nacional y, simultáneamente, comprender que el proceso de reactivación económica no ha sido constante, lo que obliga a revisar analíticamente, ya no sólo la profundidad de la caída, sino la velocidad, trayectoria y características de la recuperación.

Por lo que se refiere al consumo privado, con base en los datos publicados por el Inegi el pasado 6 de julio, el Indicador Mensual del Consumo Privado en el Mercado Interior, éste presentó en abril un crecimiento de 1.2% respecto de marzo del mismo año.

En la comparación anual, el mismo indicador creció 25.3%, lo cual parece extraordinario; pero hay que recordar que abril fue el primer mes del año pasado que recibió todo el impacto de la pandemia en términos económicos. Sin embargo, para efectos prácticos, el consumo privado se encuentra en un nivel similar al que tuvo durante el primer trimestre del año 2017, un retroceso de más de cuatro años.

Lo anterior pone en evidencia que el impacto económico de la pandemia no solamente fue coyuntural, sino que tiene y tendrá un efecto sostenido de mediano y largo plazo sobre los ingresos de las personas y que, aun cuando se ha repetido que los programas sociales generaron apoyos hacia los hogares, estos no han sido suficientes para compensar el efecto negativo que la mayoría de los hogares han sufrido en su capacidad de consumo y, consecuentemente, en la capacidad para satisfacer sus necesidades básicas.

Es conveniente destacar, además, que el mayor dinamismo en el consumo estuvo centrado en los bienes de origen importado, cuyo crecimiento fue prácticamente del doble de los bienes y servicios nacionales.

El Inegi presentó también el Indicador Mensual de la Inversión Fija Bruta durante abril de este año. Este dato muestra incluso un retroceso respecto del mes anterior en este año (marzo), con una reducción de 0.9%; con lo cual se rompe la muy débil tendencia de recuperación que había mostrado la inversión en los primeros meses de este año.

Al igual que el indicador de consumo, en la comparación anual la inversión fija bruta aumenta considerablemente; 42.1% en términos reales respecto al mismo mes del año pasado. Pero también aquí hay que recodar que la caída en este indicador, precisamente a partir de abril del año pasado fue gigantesca; situándose en poco menos de una décima parte de la que se mostró en marzo del 2020.

Cabe señalar que este indicador ha venido presentando sistemáticamente una caída desde antes de la pandemia. Desde un pico que alcanzó hacia mediados del año 2018 hasta antes del inicio de la pandemia, la contracción había sido ya cercana a 15 por ciento.

Con el nivel que tiene actualmente la inversión fija bruta, se tiene un nivel (en términos reales) similar al que tuvo la economía mexicana en marzo del 2011. Ello implica que para efectos de la inversión que en el país apoya el potencial crecimiento, estamos en el mismo nivel que hace una década.

Después de caídas tan grandes en los indicadores, hay que ser cuidadoso con la lectura de los porcentajes. Hay que analizar las tendencias de largo plazo y medir efectivamente la realidad de la recuperación económica entre sectores y para la mayoría de la población.

raul@martinezsolares.com.mx

Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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