A Morena, un partido-frente en consolidación, le hace falta mucho para ser una organización verdadera, más allá del liderazgo de AMLO.

En los procesos electorales del 2019, el PAN y su novel dirigente, Marko Cortés, serán llamados a un difícil examen. Los cinco estados donde habrá elecciones ordinarias son gobernados por panistas, mención aparte merece la elección extraordinaria en Puebla.

El PAN, que no se ha consolidado como una oposición seria, tiene ante sí el reto de conservar dos gubernaturas, Baja California y Puebla, la mayoría en los congresos de Baja California, Quintana Roo y Tamaulipas, y en los ayuntamientos de Baja California y Durango. Baja California es gobernado por el PAN desde hace 30 años y en Puebla ganó las tres últimas elecciones para gobernador.

Los gobernadores panistas serán sometidos al escrutinio ciudadano, las condiciones de los últimos procesos electorales han cambiado radicalmente. El tsunami morenista amenaza con quitarles el control de los congresos locales y arrebatarles un par de gubernaturas. Los altos índices de popularidad de Andrés Manuel López Obrador y las altas preferencias electorales hacia los morenistas presagian triunfos indiscutibles del partido en el poder.

Los datos adversos hacia el partido oficialista han sido sus desaseados procesos de selección de candidatos. La gestión de Yeidckol Polevnsky ha dejado mucho que desear. Procesos amañados y descalificación a los adversarios son la política de la nomenclatura morenista. Tanto en Puebla como en Baja California, los mecanismos de la encuesta patito y dedito milagroso dejaron de ser eficaces, generando candidatos inconformes y tránsfugas. Es el caso de Baja California, donde el puntero morenista Jaime Martínez Veloz, optó por registrarse por el PRD.

Al PAN no se le ve por dónde pueda conservar sus franjas electorales. Las pugnas internas, la ausencia de liderazgos sólidos, la falta de un discurso claramente opositor lo hacen presa fácil del partido oficial. Quizá sea hora de que envíen un SOS al recién exonerado Ricardo Anaya, para que conduzca las campañas panistas.

A Morena, un partido-frente en consolidación, le hace falta mucho para ser una organización verdadera, más allá del liderazgo de AMLO. Los grupos más radicales se han salido en los primeros jaloneos. La CNTE, los zapatistas y los grupos más combativos no se sienten cómodos en el oficialismo. Lo suyo es sacar raja. Entre más les den más piden.

El 2019 llama a prueba al PAN para no perder sus enclaves electorales, e invita a Morena a revisar su proceso organizativo. Las luchas intestinas morenistas amenazan con convertirse en úlceras electorales que pueden dejar tendidos a sus candidatos.

Eliseo Rosales Ávalos

Abogado

Los mismos de siempre

Politólogo y abogado, académico, columnista, presidente de ciudadanos sin partido y orgulloso mexicano.