Se avisora una nueva embestida proteccionista de Donald Trump. Para verla, no se necesita una bola de cristal, sólo abrir los ojos y unir los puntos. Primer acto: ascenso en la Casa Blanca del ideólogo anti free trade, Peter Navarro; segundo acto: imposición de aranceles al acero y al aluminio; tercer acto: un tuit y otros mensajes de Trump clamando por una guerra comercial y reiterando su exigencia de que el TLCAN se modifique para convertirse en un acuerdo “justo” para Estados Unidos; cuarto acto: enfrentamiento de Trump con el presidente del Consejo Económico, Gary Cohn, un exfinanciero que defendía posiciones en contra de los aranceles y el libre comercio; quinto acto: renuncia de Cohn.

En los próximos días no veremos una rectificación ni tampoco señales de moderación. Se especula que habrán nuevas listas de productos sujetos a incrementos de aranceles. El problema es de forma y de fondo: preocupa el afán de Trump por jactarse del incremento de las barreras arancelarias y también los efectos que estas medidas puedan provocar en el esquema mundial de comercio. Estados Unidos deja de ser el mayor impulsor del libre comercio y de las instituciones que para ese fin se crearon desde la Segunda Guerra Mundial.

Otra nube negra en el cielo es la posibilidad de que Peter Navarro sea el elegido para sustituir a Gary Cohn. Si esto sucediera, sería la primera vez que un proteccionista ocupa la posición de economista en jefe de la Casa Blanca. Navarro es conocido, entre otras cosas, por ser un partidario de lanzar una guerra comercial en contra de China. Hace unas semanas, lanzó señales de empatía al equipo mexicano que negocia el TLCAN, como dando a entender que consideraba a México un aliado en ese enfrentamiento. Ahora que está más cerca de Trump, ha mimetizado su mensaje con el de su jefe: habla de Estados Unidos como una víctima en el comercio internacional y refuerza su fantasía de que el Tío Sam podría emerger victorioso de una guerra comercial.

Para México, esta segunda primavera proteccionista de Trump representa grandes riesgos, casi todos relacionados con el Tratado de Libre Comercio. Hasta ahora la retórica del mandatario estadounidense ha tenido muy poco efecto en los flujos comerciales, pero esto podría cambiar, dada la obsesión de Trump con los déficit comerciales y la evolución del comercio México-Estados Unidos desde que él llegó a la Casa Blanca.

Un ejemplo de esto es el comercio automotriz. En el 2017,  registró un superávit para México de 70,766 millones de dólares. Esta cifra era 12.5% mayor que la registrada en el 2016. La tendencia sigue en esa dirección en el 2018. En el mes de febrero, México exportó 275,980 automóviles, cifra 11% superior a la registrada en el mismo mes del 2017.

¿Cómo procesará Donald Trump este nuevo dato del comercio automotriz? Durante su primer año al frente del gobierno, su actitud en este asunto fue prudente y prefirió enfocarse en cacarear sus éxitos en la relocalización de inversiones hacia Estados Unidos. No se sorprendan si ahora agarra como piñata la cifra de balanza comercial México-Estados Unidos. Esto sería congruente con lo que ha hecho desde la última semana de febrero. Conecten los puntos y miren lo que está pasando: el proteccionismo de Trump está saliendo de la jaula. No hay domador a la vista.

lmgonzalez@eleconomista.com.mx

Luis Miguel González

Director General Editorial de El Economista

Caja Fuerte

Licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara. Estudió el Master de Periodismo en El País, en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, y una especialización en periodismo económico en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del diario PÚBLICO de Guadalajara, y ha trabajado en los periódicos Siglo 21 y Milenio.

Se ha especializado en periodismo económico y en periodismo de investigación, y ha realizado estancias profesionales en Cinco Días de Madrid y San Antonio Express News, de San Antonio, Texas.