Lo que por mucho tiempo se ignoró, que es la necesidad de fortalecer el mercado interno y elevar salarios, ahora surge como respuesta ante las amenazas proteccionistas de Donald Trump.

Pero ello resulta difícil o imposible a corto plazo, ante una CTM que ha ignorado a los trabajadores y una proclive posición del gobierno en favor de políticas restrictivas.

El mercado interno sólo se fortalece si los ingresos de la población se incrementan, lo que permite tener una demanda de bienes y servicios efectiva para satisfacer sus deseos de consumo. Juegan en el contexto la productividad de la mano de obra.

El problema de nuestro país es que la masa salarial actualmente sólo representa 28% del ingreso nacional disponible, mientras que las utilidades se llevan 72 por ciento. Hace 30 años, los salarios absorbían 40%, lo que explica que desde entonces a hoy se haya producido un deterioro significativo. Contribuyeron a esta situación la austeridad fiscal, la falta de protagonismo en favor de los trabajadores por parte de sus líderes y la automatización de procesos productivos que eliminan el uso de mano de obra.

Sólo como referencia comparativa, en la Unión Europea la masa salarial significa en promedio 65% del ingreso nacional y las utilidades 35%, estas últimas la mitad de lo que representan en México.

La atención que prestan a los salarios las instituciones internacionales se pone de manifiesto en esta declaración de la OCDE: Mayores ajustes salariales a la baja corren el riesgo de ser contraproducentes .

Y en una tesitura similar el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, sostuvo ante el Parlamento Europeo lo siguiente: Ha llegado el momento de aumentar los salarios, que llevan años creciendo por debajo de la productividad . O sea, mas allá de imperativos de justicia y cohesión social, los salarios merecen ser aumentados por su aporte a la productividad. Cuestión de aritmética.

También la desigualdad afecta al mercado interno. En México, el 20% más rico tiene 60% del ingreso, mientras que el 20% más pobre sólo tiene 4 por ciento. Además, un desarrollo regional desequilibrado, mejor en el norte del país que en el sur.

Otro lugar común es que las definiciones proteccionistas del gobierno de Trump han conducido a declaraciones bien intencionadas de diversificar las exportaciones. Se ha insistido en reforzar la relación comercial con China, que ahora se caracteriza por un enorme desequilibrio comercial en favor de China. Por cada dólar que exportamos, importamos de ese país 13 dólares. Dice Enrique Dussel, coordinador del Centro China-México de la UNAM: No tengo nada que objetar a la diversificación de las exportaciones, pero parece que sólo miramos a China desde que Trump nos sacó la lengua .

Se ha especulado sobre la necesidad de diversificar importaciones, proceso difícil por los altos costos del transporte, que no ocurre con el comercio con EU. Por ejemplo, México le compra anualmente a EU más de 10 millones de toneladas de maíz. Ante la perspectiva de problemas arancelarios con EU se ha considerado importar maíz de Argentina, que ha ofrecido vender a México 2 millones de toneladas anuales. No es suficiente, por lo que se buscaría a otros países productores para satisfacer la demanda, que en todos los casos el costo del transporte estará presente.

La diversificación de nuestro comercio tiene a corto plazo una importancia marginal. Pero es deseable hacer lo necesario para que sea relevante.

Políticamente, definir una estrategia realista y de certidumbres, ante las amenazas peligrosas de Trump, que no son sólo para México, sino para el mundo, como ya se advirtió en la última reunión del Grupo de los 20, en donde el gobierno de EU intentó romper los paradigmas en que descansa el orden internacional.