Se está a días de concluir la primera mitad del año 2020, un año de locura caracterizado por tener una de las crisis sanitarias y económicas más grandes de la historia a nivel global que no ha tenido precedentes. Este año lleno de volatilidad ha dado sorpresas de todo tipo, en el ámbito bursátil se ha visto que los principales índices de las bolsas norteamericanas como el S&P500 y el Nasdaq han ido de tener rendimientos desde el -30% hasta prácticamente cotizar por niveles superiores de como iniciaron el año, reflejando una recuperación y un panorama más optimista, inclusive el Nasdaq, ha entregado rendimientos superiores al 13.5% en lo que va del año.

Sin embargo, las perspectivas económicas continúan desalentadoras. Se estima que EE.UU. tenga un crecimiento del PIB del -5.9%, Europa del -7.5% y los mercados Emergentes del -1% según los pronósticos del Fondo Monetario Internacional (FMI). Si se considera que el panorama económico aún es incierto y que las expectativas económicas siguen desalentadoras, entonces ¿A qué se debe esta recuperación en los mercados bursátiles de países desarrollados?

La conclusión a la que han llegado varios expertos se basa principalmente en que los mercados financieros han sufrido una distorsión en términos de la valuación reflejada en comparación con la realidad económica, esta incongruencia se generó por el exceso de liquidez que se ha inyectado en la economía, a través de las políticas monetarias y fiscales adoptadas por los Bancos Centrales y gobiernos de países desarrollados para hacer frente a esta crisis. Además de llevar las tasas de interés a cero, se ha visto la creación de dólares por parte de la Reserva Federal de EE.UU. a una velocidad y magnitud sorprendente, más de 7 billones de dólares han entrado en la economía de los EE.UU. en los últimos diez años, tres de ellos han sido en aproximadamente tres meses, mientras que el PIB de los EE.UU. sólo asciende a 20 billones de dólares, es decir, más de un tercio del PIB ha sido efectivamente apalancado usando la FED, por su parte los europeos y japoneses han tomado medidas similares.

El bajo rendimiento que ofrecen las tasas de interés y el exceso de liquidez ha generado una menor aversión al riesgo, haciendo -como se ha visto-, subir las bolsas y que se mantengan los flujos de inversión financiera hacia activos de mayor riesgo incluso, cuando la expectativa en crecimiento de utilidades de las empresas sea baja o hasta negativa.

¿Qué hacer hacia adelante? Tarde o temprano el mercado debe ser racional y encontrar una valuación acorde a la situación que se enfrenta, por tal motivo, los estrategas de inversión recomiendan estar preparados para momentos de alta volatilidad, actuando con cautela y con una buena diversificación de las carteras de inversión, incluyendo activos de cobertura como una medida para mitigar riesgo ante cualquier imprevisto.

Uno de los activos de cobertura y diversificación de carteras por excelencia es el oro. En estos momentos, este metal ofrece una protección frente a la inflación que acabará llegando con mejores perspectivas de retorno que la renta variable y sobre todo la renta fija que se encuentran a valuaciones elevadas.

El oro generalmente tiene un mejor desempeño al resto de activos en los momentos de desaceleración y recesión económica y casi todas las divisas se acaban depreciando frente al oro. Los bonos soberanos ya no son un activo libre de riesgo que ofrece rentabilidades superiores a la inflación, esto lo saben los bancos centrales que son compradores netos de oro desde hace 11 años. Por lo tanto, se espera que el mercado del oro siga equilibrado en términos de oferta y demanda, de tal manera que este preciado metal es una buena alternativa de diversificación y cobertura de las carteras de inversión

gerardo.valdivia.diaz@bbva.com