Imaginemos a Donald Trump manejando el complejo militar-industrial que, en el pasado, el presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower advirtió, cuando dejó el poder, como sumamente peligroso. Estamos hablando de unas fuerzas armadas de más de 3.5 millones de personas. Asimismo el pavor que producen los nombres del equipo de Trump para gobernar, integrado por personajes de línea dura sin precedentes en los últimos 50 años.

Después de una tendencia de varias décadas de pacifismo, Trump acaba de declarar que Estados Unidos requiere consolidar su capacidad nuclear. Dijo: Reforzar y expandir enormemente la capacidad nuclear hasta que el mundo entre en razón respecto a las armas nucleares . Esta declaración ambigua choca con la posición del gobierno estadounidense de muchos años de promover la no proliferación de armas nucleares para llegar al desarme.

Paralelamente, el presidente Putin convocó a su cúpula militar a reforzar el potencial de combate en las Fuerzas Nucleares Estratégicas, sobre todo con equipos de misiles capaces de superar de forma garantizada los sistemas de defensa antimisiles existentes y los que puedan existir en perspectiva . Y añadió que su país es más fuerte que cualquier posible agresor .

La perspectiva de lo que esto significa es de miedo. Se estima que hay 15,350 armas atómicas, 90% en manos de EU y Rusia, si bien mucho menos de las 70,300 que había en 1986. Este descenso deriva de la ejecución del Tratado de No Proliferación Nuclear de 1970 y de acuerdos posteriores.

Si estos dos países realizan sus intenciones, otros también lo harán.

Otras piezas importantes de una narrativa de posibilidades es otra declaración ambigua de Trump, al preguntar, en público, que si EU tiene armas nucleares por qué no debe ser el primero en usarlas contra ISIS u otro enemigo. Esto mueve el piso en que se paran Irán y Arabia Saudita, líderes regionales en el Medio Oriente.

Con los líderes europeos que sostienen la alianza transatlántica, preocupa la influencia de Trump con sus mensajes populistas que alientan a los antieuropeístas xenofóbicos de Inglaterra, Francia, Italia y de otros países que quieren el poder, vulnerando con ello a la Unión Europea. Asimismo, su simpatía por Vladimir Putin, un consumado nacional-estalinista, hace que en la OTAN se pregunten si EU mantendrá sus compromisos con la alianza.

Notable es la posición de Angela Merkel, valiosa líder de la política europea, cuando le dice a Trump que preservar la relación con EU significa el respeto a la ley y dignidad de las personas, independientemente de su origen, color de piel, sexo, orientación sexual y opiniones políticas.

Corea del Norte aumenta su capacidad militar, lo que amenaza a Japón y Corea del Sur, aliados de EU en comercio y seguridad, dejando latente un peligro de intervención.

Con China, Trump toma precauciones por la cooperación durante décadas y su importancia global y regional. Pero pretende obtener beneficios comerciales a cambio de mantener la relación actual, con la ventaja para China de que a Trump le tiene sin cuidado la situación de los derechos humanos. También la retirada de EU del Acuerdo Transpacífico le da a China alientos a su expansión.

Con los países latinoamericanos y en particular con México, Trump basó una parte de su campaña electoral en insultarnos, proponiendo deportar a millones de mexicanos, construir un muro y obligar a México a pagarlo, imponer aranceles a los productos mexicanos que entran a EU, renegociar el TLCAN y más. Ello puede conducir a presionar para que el gobierno mexicano realice concesiones que alentarían el populismo en las elecciones del 2018 y posibilitar el triunfo del partido que lo abandere.