La llamada al fin del neoliberalismo ha desatado un debate sobre lo que eso significa, que si ése será el fin de políticas económicas razonables o que si no existen alternativas, ya que lo que se conoce son solamente críticas, pero no un plan de acción alterno.

En realidad, es un tema no sólo a discusión en México, sino en cualquier otro lado. El número más reciente de la revista American Affairs se dedica al tema y publica una crítica de James Galbraith a un nuevo libro de Robert Skidelsky, quien discute el tema de la crisis de economía política como disciplina. Galbraith sostiene que para que la política económica sobreviva y sea útil, no sólo tiene que cambiar la atención de mantener baja la inflación y asegurar la estabilidad financiera, sino también llevar la discusión de estabilidad no solamente al dinero y los mercados, sino también a la gobernanza del sistema financiero y al balance que se debe alcanzar entre los objetivos privados y los públicos.

La política económica se debe enfocar también en la estabilización social, lo que necesariamente requiere volver a traer a escena el estado de bienestar y las medidas necesarias para reducir la desigualdad. Esta estabilización también implica combatir el cambio climático que será fuente de conflicto y otras causas de la violencia endémicas en varias regiones. El tema es que las políticas neoliberales generaron desestabilización financiera, económica, social y ambiental porque favorecieron la concentración de poder corporativo y de ingresos.

El fin del neoliberalismo no significa que las políticas comerciales sean proteccionistas, pero sí la búsqueda de un comercio más justo. Tampoco significa que las finanzas públicas no sean sanas, pero sí que en los presupuestos se privilegien los espacios para pagar por políticas y servicios sociales amplios que garanticen derechos sociales.

El fin del neoliberalismo no significa que los servicios financieros sean diversificados y redituables, que también sirvan para financiar infraestructura, pero sí que los riesgos sean controlados, las ganancias parcialmente socializadas y los costos del servicio público internalizados por los bancos. Tampoco significa que los mercados marquen la mayoría de las transacciones y actividades económicas que realizamos, pero sí que se reconozca que muchas de las actividades clave de la economía requieren de fuertes inversiones e intervenciones estatales para garantizar los niveles de provisión adecuados.

El fin del neoliberalismo no implica que la riqueza se va a repartir de manera uniforme o que terminará la propiedad privada, pero sí que se debe revertir la concentración de la riqueza, por medio de impuestos progresivos y el acceso a la mayoría de la población a servicios financieros, educativos, de vivienda y de salud. El fin del neoliberalismo no implica que no se puedan aprovechar los recursos naturales para generar riqueza, pero sí que las actividades extractivas tienen que moderarse, resarcir el daño que generan y compartir la riqueza con el estado y con las comunidades. La estabilidad social como objetivo de la economía política es la clave de la salida del neoliberalismo por una agenda nueva.

VidalLlerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.