La cita fue en una gran casa de la Condesa que hacía esquina con Juan Escutia. No recuerdo el día ni la hora exacta, pero sé bien que era el año 2001. No se trataba del gran encuentro de mi vida: no era fan de Gustavo Cerati.

Gracias a mi hermano, años antes había memorizado casi de forma inconsciente todas las canciones de Soda Stereo. Y gracias al otro reportero que me acompañaba a la entrevista, casi todo el camino fui escuchando sus discos. Así que en cierta forma, llegué preparada al encuentro.

Íbamos tres personas: dos reporteros y un fotógrafo. Todos teníamos poca experiencia. Los otros dos iban sumamente emocionados: conocerían a uno de sus artistas favoritos. Yo iba motivada por la curiosidad y la pretensión: sería la envidia de muchos, por estrechar la mano del icono de los años 80.

Pero en términos periodísticos, no íbamos a conocer a Cerati, la gran estrella del rock. Íbamos a conocer a Cerati, el empresario punto-com.

Al parecer no es una de sus facetas más conocidas. Por más que busqué en internet alguna pista que ayudara a mi memoria a recordar el nombre exacto de esta empresa, no logré dar con ella.

Lo que sí recuerdo, es cómo era. A la usanza de las empresas del momento –estábamos en la cúspide del boom de Internet la empresa punto-com de Cerati tiraba la casa por la ventana sin el menor remordimiento.

Tenía su sede en la Ciudad de México en una de las esquinas más codiciadas de la Colonia Condesa. Nos dijeron que el lugar era rentado, pero que había planes de comprarlo o de buscar una sede más grande, en un par de años.

Semanas antes, habían mandado regalos a todas las redacciones de periódicos, revistas y portales invitando a conocer la otra faceta de Gustavo Cerati: la del mundo de Internet.

Al llegar a la casona nos recibieron dos personajes (¿o serían más?) vestidos a la última moda, quienes nos ofrecieron un cóctel de bienvenida.

Teníamos poco tiempo. Cerati tenía una larga agenda de entrevistas ese día y nosotros debíamos regresar a trabajar.

Pero el personaje se tardó en bajar. Nos encontrábamos en una sala enorme con pocos muebles pero cuyas paredes estaban tapizadas con pósters e imágenes del cantante argentino. Mis amigos no dejaban de contar anécdotas del cantante, que ya olvidé. Recuerdo más lo que había en las paredes.

Al llegar, apenas nos vio, Cerati nos dio un fuerte abrazo de bienvenida. No dejaba de hablar.

De hecho, nunca dejó de ver a la cámara. Él mismo sugirió al fotógrafo qué tomas hacerle, si convenía o no usar flash, si era mejor cambiar a otro sillón o si era conveniente cerrar las cortinas.

Su empresa en internet buscaba ser un sello discográfico online para artistas de habla hispana, que ayudara a vender sus canciones en el sitio y hasta crearles una imagen.

Cerati prometía eliminar todos los vicios de la industria discográfica tradicional: cobros millonarios que dan pocas regalías a autores, mal manejo de imagen, poco contacto con fans y amigos Nos mostró incluso una revista, que como parte del proyecto, difundiría a los artistas de su disquera digital.

Como imaginarán, esta empresa despareció junto con todas aquellas que habían surgido en aquélla la época.

Esto fue hace nueve años. Le he perdido la pista al reportero y fotógrafo que me acompañaban, por lo que no tengo forma de agregar más detalles a este encuentro tan fugaz. Y las revistas en las que trabajábamos, también de la ola punto-com, quebraron un par de años después y como no conservé ningún ejemplar, tampoco tengo forma de ver cómo narré ese encuentro ni de cómo salieron las fotos que le sacaron.

Hoy, los auténticos fans de Gustavo Adrián Cerati Clark, siguen a detalle su estado de salud y lo recuerdan en blogs, páginas web, videos y redes sociales, y me hacen remontar al lejano día en que este músico me dio un abrazo de bienvenida.

La memoria suele ser traicionera. Resulta difícil recordar con exactitud lo que la gente dice o hace, pero nunca se olvida la manera en que nos hacen sentir.

Al salir del encuentro, llamé a mi hermano y le pedí que me quemara las canciones de Soda Stereo. No logré convertirme en su fan, pero sí supe que era una persona a la que valía la pena tenerle respeto.