La globalización neoliberal recortó en cientos de millones la pobreza en China y otros países en desarrollo, pero aumentó la desigualdad y el descontento en el mundo desarrollado. Trajo interdependencia mundial, pero marginación de capas de la población. El drama del siglo XX fue el enfrentamiento de la democracia liberal promercado contra el nacionalismo autoritario fascista y el comunismo soviético y chino. Con la caída del bloque soviético y la adopción por China de elementos de mercado para ganar poderío económico y político, se pensó que la democracia liberal reinaría sin desafíos, lo que resultó una falsa apreciación. Se desató el rencor de grupos excluidos que buscan alternativas como el nacionalismo o el estatismo, ambos siendo expresiones del populismo. La democracia liberal está amenazada por sus viejos enemigos que la utilizan para llegar al poder, con sus antiguos tutores gobernados por demagogos nacionalistas en EU y RU. La reacción amenaza con romper el orden mundial para provecho de China y Rusia, que están al acecho apoyando a dictaduras que sirvan a sus intereses como Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia.

En América Latina, los gobiernos de izquierda estatizan y restan incentivos para crecer, repartiendo pobreza. Los de derecha dejan déficits en justicia social. Ambos han permitido la corrupción. Chile destaca por su bajo desempleo, alto producto per cápita y reducida pobreza. Sin embargo, la población exige mejores pensiones, mayores salarios, mejor salud y educación. El gobierno responde primero con la fuerza y después cediendo a las demandas, las que deberían ser financiadas con cargo a las capas pudientes y no con deuda o inflación. Si las élites no aportan, las izquierdas se posicionan, como con AMLO en México o Fernández en Argentina. Brasil optó por la extrema derecha ante el hartazgo con la corrupción y recesión de la izquierda. En México, corrupción, inseguridad y desigualdad de gobiernos anteriores llevaron a la elección de AMLO, quien ha aplicado políticas que tienen al país al borde de la recesión y con mayor inseguridad. La 4T tiene aún la oportunidad de hacer un buen gobierno con políticas sólidas y transparentes, pero para crecer y financiar sus programas requiere del sector empresarial en un ambiente de libertad política y económica. De otra forma, estaremos ante otro fracaso sin poder predecir bien lo que vendrá después.