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Opinión

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El cultivo de arroz en Michoacán

Dentro de los cereales, el arroz es el que más demanda agua, ya que para producir una tonelada de grano se requieren de 10 a 20 millones de litros.

Por lo tanto, la producción de este grano se encuentra ligada a la disponibilidad de grandes volúmenes del vital líquido, pues es un cultivo que requiere estar en un suelo inundado.

México es deficitario en la producción de este cereal, ya que de las 765,000 toneladas del consumo nacional en el 2009, el país sólo produjo 20% del consumo en 47,000 hectáreas, con una producción del orden de las 150,000 toneladas, por lo que se importaron cerca de las 615,000 toneladas. Las principales entidades productoras de arroz en el 2009 fueron: Michoacán (21%), Campeche (20%), Veracruz (18%) y Nayarit (12 por ciento).

En Michoacán, durante los últimos 10 años se han modificado algunas prácticas agrícolas en el paquete tecnológico: trasplante del arroz a siembra directa, de riego por inundación a riegos de auxilio en periodos cortos, lo que permite optimizar el agua de riego en 40 por ciento.

Lo anterior ha traído como resultado rendimientos promedio de 8 a 9 toneladas por hectárea de arroz, con costos de producción de 2,150 pesos por tonelada, que a un precio promedio de venta de 3,000 pesos por tonelada, significa una utilidad de 6,800 a 7,650 pesos por hectárea.

La siembra de este cereal la realizan alrededor de 750 pequeños productores en la entidad, con promedio de ocho hectáreas por parcela, ubicadas en los municipios de Gabriel Zamora, Nuevo Urecho, Parácuaro, Apatzingán, Buenavista y Tepalcatepec.

Adicionalmente, existe en la región una empresa beneficiadora administrada por los productores, donde se realiza el proceso de limpieza, secado, industrialización y envasado para la distribución y comercialización de arroz pulido y subproductos, logrando en este proceso utilidades adicionales.

Aun cuando resulta rentable el cultivo de arroz en Michoacán, la superficie sembrada en los últimos cinco años no ha rebasado las 6,000 hectáreas por año.

Sin embargo, existen posibilidades de crecimiento de la superficie, mediante la inversión por parte de los productores en la tecnificación del riego, introducción de nuevas variedades o híbridos de ciclo corto, fertilización balanceada y manejo post-cosecha.

*Carlos Javier Almanza Gaviña es ­especialista de la Dirección de Consultoría en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

cjalmanza@fira.gob.mx

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