Los mercados financieros chinos se mantuvieron cerrados por el feriado del Año Nuevo Lunar y se extendió el cierre por unos días más, ante la emergencia del brote de la nueva cepa del coronavirus.

Pero tarde o temprano tenían que reiniciar operaciones y enfrentar las consecuencias sobre cómo perciben los inversionistas la profundidad del daño de la enfermedad en los mercados y en la economía en general.

Y, efectivamente, ayer regresaron a las operaciones las bolsas de valores y la ponderación del mercado es que esta emergencia no sólo no está superada, sino que por ahora es difícil prever hasta dónde puede llegar.

A las caídas de las bolsas de valores chinas, entre 7 y 8%, se sumó una depreciación del renminbi de 1.5 por ciento. Hay cálculos que hablan de una destrucción de valor de mercado de más de 400,000 millones de dólares.

Y en lo que los médicos chinos se aplican para lograr el control del virus, el gobierno de ese país se apresura a aplicar los paliativos financieros necesarios para tratar de dar estabilidad.

El Banco Popular de China inyectará, en un primer tramo, el equivalente a 173,000 millones de dólares a los mercados buscando generar estabilidad. Está claro que el gobierno chino podría disponer de más recursos de rescate y sin siquiera tener que informar a occidente sobre los montos.

El punto es que esta enfermedad, que ha aumentado sus tasas de contagio de manera exponencial, pone en peligro el crecimiento económico de China y con ello el crecimiento mundial.

La parálisis económica que se ha provocado hasta este punto tendrá repercusiones en la economía, sin lugar a dudas. El problema es que, mientras no se atienda la tragedia humana de los contagios y las muertes, así se mantendrán las actividades. Esa parálisis tendrá efectos globales.

Por lo pronto, el gobierno chino tiene los recursos necesarios para apuntalar con mucho dinero la estabilidad de sus mercados y de su economía en conjunto.

Para eso sirven los fondos de estabilidad. Guardar recursos para usarlos cuando se presenten este tipo de imponderables.

Es inevitable el contagio viral, financiero y económico de lo que ocurre en China hacia el mundo entero. Y cada país tendrá que hacer frente a esa contingencia.

Dicen los expertos que un problema en México es la falta de equipos de asistencia respiratoria, más allá del número de camas y hospitales.

En el terreno financiero un problema puede ser el hecho de que este gobierno ya utilizó la mitad del Fondo de Estabilización de Ingresos Presupuestarios, porque con ese guardadito para las emergencias completaron el gasto ante el incumplimiento de las metas de recaudación, como consecuencia de la caída económica del año pasado.

Todavía no hay claridad sobre los alcances económicos globales del coronavirus. Mientras no se logre controlar la expansión del contagio o se encuentren tratamientos efectivos para su combate, la economía china seguirá paralizada. Y eso hay que entenderlo en su justa dimensión.

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Enrique Campos Suárez

Conductor de Noticieros Televisa

La Gran Depresión

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y maestro en Periodismo por la Universidad Anáhuac.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

Es un especialista en temas económico-financieros con más de 25 años de experiencia como comentarista y conductor en radio y televisión. Ha formado parte de empresas como Radio Programas de México, donde participó en la radio empresarial VIP. También formó parte del equipo directivo y de talento de Radio Fórmula.