Nadie duda de que la clase política de México es un castillo inexpugnable de degeneración moral e impunidad: fenómenos que descuellan en los tres Poderes y sus jurisdicciones, los llamados jueces, los llamados legisladores y los llamados ejecutivos, desde el presidente hasta el último mono, el poli de crucero o el burócrata de ventanilla, sólo hay unos que no colean en el cenagal de corrupción: los infelices barrenderos, únicos que, paradójicamente, hacen bien su trabajo. El andamiaje de legislaciones bien o mal intencionadas es instrumento en manos de hábiles tinterillos expertos en argucias legales incomprensibles para la persona común. El resultado es que los podridos de hoy más la cauda de podridos de muchos años atrás, usufructúan los bienes y servicios cuyo incalculable valor debió invertirse en beneficio de los muchos millones de necesitados, marginados y hambrientos. Con certeza seríamos otra nación, muy parecida o hasta mejor que Corea del Sur. ¿Acaso heredamos un gen en la sangre que nos hace conformistas, violentos, estridentes, desorganizados, oportunistas y proclives al robo? ¿Cuál traerán en la suya los japoneses, ordenados, silenciosos, solidarios y progresistas?

Nos ufanamos de tener organismos que velan por los derechos humanos. Se especializan en sancionar guardianes que macanean a vándalos manifestantes y a militares que matan a delincuentes armados hasta los dientes, extorsionadores, secuestradores, asesinos y traficantes de drogas. ¿Por qué no mejor velar por los derechos humanos del pueblo mexicano contra los ladrones de cuello blanco y saco y de cuello de otro color y chamarra? ¿El remedio vendrá de la ya gastada alternancia? Para nada: paneros, pordioseros y morenitos vienen de la misma camada, aunque Andrés Manuel presuma de honrado. El poder es cabrón.

Arraigado vicio nuestro. Escribe Fray Francisco de Bustamante en 1551: El mal desta tierra es que muchos de los que gobiernan quieren hacer sus cosas y no las de su Rey (...) trabajan en dar á entender que sirven, como en la verdad, destruyen . Igualito que 300 años después, como refiere Juan Bautista Morales en su Gallo Pitagórico: Algunas veces la justicia tuerzo (...) ¿Tendría tantos millones en el Banco si fuera mi gobierno justo y franco? (...) amuélese la gente tosca y que sin chistar suelte la mosca . Igual hoy mas peor.

Gran problema. Pero superable. Muchos países, ¡qué vergüenza!, nos dan ejemplo. Que voces de individuos y organizaciones civiles ganen poder para forzar el cambio.

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