En su reciente Asamblea Nacional, el PRI quitó los candados de militancia y antigüedad para poder acceder a la candidatura a la Presidencia. Los beneficiados de esta medida son el secretario de Hacienda, José Antonio Meade,y el secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño.

Con una Asamblea a modo, Enrique Peña abre la baraja de aspirantes a la Presidencia, quien parecía que se estaba quedando sin fichas para enfrentar además del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong a la insurgencia priista, que al final dobló sus pequeñas manitas de dinosaurio y terminó como otra más de las aventuras de Manlio y sus amigos.

Algunos sectores ven con buenos ojos la candidatura de José Antonio Meade, sobre todo comparándolo con la visión económica del puntero en las encuestas presidenciales, Andrés Manuel López Obrador, que amenaza con revertir el aeropuerto y la reforma energética.

El señor Meade puede presumir de su amplia experiencia en el gobierno, donde ha ocupado casi todas las secretarías de Estado civiles. Quizá lo más valioso de esos cambios es que nunca ha salido por errores, como otros, muchos otros.

Sus posibilidades presidenciales llegan justo cuando el país supera las bravuconadas del señor Trump y la desconfianza en la errática gestión de Luis Videgaray. Ante esta oportunidad, el señor Meade, de ser el caso, tendría que renunciar a más tardar en el mes de octubre.

El otro bastión de la política económica, el Banco de México, también está próximo a realizar un cambio. Agosto y septiembre resultarán cruciales en la arena política y económica para diseñar el rumbo del país para el 2018. Ante esta posibilidad, los ciudadanos reclamamos seguridad y continuidad económica independientemente de los vaivenes electorales.

Los ciudadanos tendremos que aprender a diferenciar un candidato ciudadano (es decir no militante) postulado por un partido de los candidatos independientes, quienes participan de manera individual sin el cobijo y las prerrogativas de las que gozan los partidos políticos. Al final todos son ciudadanos, pero no es lo mismo.

Ante el desprestigio galopante de los partidos, todos los partidos de México y el mundo quieren postular ciudadanos. Francia y EU fueron ganados por candidatos sin formación partidista.

Hoy el PRI abre la posibilidad a José Antonio Meade, sin menoscabo de sus posibilidades y aspiraciones electorales, señor Meade, parece que el horno económico no está para aventuras partidistas. Pero como dicen en mi pueblo: a quien le dan PRI, que llore.