A través de un escrito leído por la mano derecha de Paul Ryan nos enteramos que, por cuestiones familiares, el presidente de la Cámara de Representantes e influyente figura política no se presentará a las elecciones de noviembre.

Brendan Buck, consejero de larga data de Ryan, esbozó una serie de razones emotivas tratando de sustentar la decisión de Ryan: quiere dedicarle más tiempo a su esposa e hijos.

Sin embargo, la realidad política es menos noble. La señal que envía Ryan es clara: teme la posibilidad de perder su escaño y la mayoría de la Cámara.

En el pasado, los congresistas esperaban que terminara el periodo electoral para sacar su bandera blanca para decir adiós.

El caso de Ryan tiene varias implicaciones. La primera de ellas es que los demócratas están utilizando mucho dinero para ganar el escaño de Ryan.

En segundo lugar, el mensaje de Ryan a los donantes millonarios del Partido Republicano es claro: “No tire el dinero tratando de salvar la casa”.

Para los demócratas, el mensaje es alentador. La figura de Ryan diciendo adiós no se la imaginaban.

Una tercera razón de su decisión podría ser que Ryan no podría defender a Trump en caso de que exista el intento de destituirlo. Ryan ha sido un apologista del presidente en casos espinosos. Al parecer todo tiene límites.

La cuarta razón es que Ryan ya no está dispuesto a complacer una nueva petición de asuntos en la agenda del presidente.

Ryan se irá con un país muy endeudado, pero con una reforma fiscal que él diseñó y que su apuesta por los recortes se ha puesto en marcha.

Lo que busca Ryan es saltar del barco antes de que se hunda, si no es que ya está medio hundido.

A Ryan se le debe reprochar su defensa, en ocasiones irracional, del presidente.

Queda claro que una nube negra aparece en el pronóstico del tiempo político de noviembre.