El TLCAN fue una importante decisión de los gobiernos de México, EU y Canadá. Para nosotros significó consolidar políticas previas como fue abrir la economía y formar parte del GATT ( ahora OMC).

Condujo a despetrolizar la estructura de las exportaciones y vender más, principalmente hacia EU, productos industriales. También tuvo costos como una leve desindustrialización, aunque se suponía lo contrario. A cambio de ello, una creciente integración y dependencia de la planta industrial de EU.

Asimismo se consideraba que iba a ocurrir una reducción de la brecha salarial de México con EU y Canadá. No fue así. Durante todo el periodo de vigencia del TLCAN el diferencial de salarios de México respecto de EU y Canadá se ha ampliado sustancialmente, en deterioro de México.

También se creía que la productividad mexicana se iba a elevar. Sin embargo, los resultados muestran un nivel de estancamiento de ella desde 1980 hasta nuestros días, a diferencia de los incrementos que registran EU y Canadá.

El problema es que los gobiernos posteriores al acuerdo del TLCAN no hicieron nada para potenciarlo con políticas que elevaran las inversiones en tecnología, infraestructura y desarrollo humano.

Ahora el TLCAN está en suspenso. EU puede renegociarlo o salirse. Ha resuelto privilegiar el comercio bilateral con Canadá. El gobierno de México espera que en el mes de junio de este año se defina.

Independientemente de lo que pase, nuestro país tiene que salir hacia delante. EL TLCAN condicionó la política comercial y la de relaciones exteriores. Se asoció a una política monetaria y fiscal en gran medida siguiendo las directrices de la Reserva Federal de EU.

Si los niveles de productividad y los salarios de México están por los suelos, ello debería ser la razón para un cambio importante de política económica.

Tenemos que ser realistas y pragmáticos, olvidarnos de las fantasías. No somos estadounidenses. Somos mexicanos. Esto nos lleva a la necesidad de anclarnos en el presente trágico y vulnerable. Trágico porque económicamente estamos estancados. Vulnerable porque la política del gobierno estadounidense dirigida por un presidente que sufre un desorden de personalidad narcisista según dictamen de psiquiatras y sociólogos, amenaza a nuestro país con decisiones desestabilizadoras.

El presente es el que nos debe preocupar. Jamás se puede permitir hacer sufrir a la gente con la promesa de que el futuro será mejor. Es un engaño.

Nuestro pasado ha tenido épocas gloriosas con proyectos nacionales que permitieron avanzar. Hay que repetir esa experiencia.

Independientemente del diagnóstico de la realidad se necesita propuestas viables para superar la problemática del presente. Y no olvidarnos de que EU quiere resolver el problema de déficit comercial con China, Japón, Alemania y México, que son los países con quienes tiene mayores desequilibrios, mismos que pretender reducir a cero. Es lo que viene.