El hermoso país que habitamos es uno de los más sucios del mundo. Nuestra nación es, sólo después de Brasil, el país más contaminante de la atmósfera en América latina. Nuestras emisiones de carbono enorgullecerían a cualquier villano de película infantil y las actitudes, tanto de los ciudadanos como de las autoridades, harían gracia a los malos de Marvel. 

Estamos acabando con nuestros bosques, con el agua que requerimos y con el aire del planeta, lo que nos coloca como uno de los países peor portados y menos preocupados por el calentamiento global. De la OCDE, México es el país con menos impuestos ambientales y en el mundo somos el doceavo emisor de dióxido de carbono. 

Ya estábamos así antes de que llegara Andrés Manuel López Obrador, pero la actitud de este presidente no es tan irresponsable como la de mandatarios anteriores. La de él es suicida. No sólo porque ensalza el combustóleo, el carbón y el petróleo como estrategias de desarrollo, sino porque resta importancia a los convenios internacionales que tenemos que cumplir en materia ambiental, y obstaculiza los pocos avances que se habían hecho en el ámbito local al centralizar las decisiones. 

Algunas de las medidas que no sólo no ayudan sino que perforan el agujero de porquería en el que estamos cayendo son las siguientes: 

  1. La irrelevancia del Instituto Nacional de Ecología, provocada por el congelamiento a sus titulares y la reducción de presupuesto. En 2015, ese instituto tenía casi 260 millones de presupuesto para operar. Este año tuvo 167 millones. Con diferencia de seis años, 100 millones menos. 
  2. La falta de seguimiento al impuesto federal al carbono. En 2017, tres años después de creado, se recaudaban ya 13,000 millones de pesos. En los tres años siguientes bajó a menos de 6,000 millones anuales. 
  3. Las modificaciones normativas que priorizan la producción de electricidad de la Comisión Federal de Electricidad (gran parte con carbón y combustóleo) y relegan a los productores de energías limpias. 
  4. La despedida de facto a los mercados de carbono. ¡Qué nostalgia de la actitud de Marcelo Ebrard como jefe de gobierno al respecto!
  5. La congelación de fondos para atender desastres. Las inundaciones y los incendios tienen impacto ambiental. 
  6. El retiro de subsidio a las gasolinas de mayor octanaje. 
  7. La construcción de Dos Bocas y el Tren Maya sin medidas de mitigación y estudios de impacto ambiental omisos. 

El gobierno federal puede dar marcha atrás a esta estrategia contaminante y suicida que nos coloca del lado de los apestosos del mundo, con efectos para los demás y para nosotros. Y no, “Sembrando vida” no es un programa que contrarreste las medidas arriba citadas, pues no es un programa con objetivos ambientales, sino laborales y de traslado de recursos a población rural, con incentivos que pueden ser fácilmente tergiversados (talar para cobrar, por ejemplo, en lugar de cobrar para recuperar). El camino más viable, de acuerdo con lo que se observa en el mundo, es dejar el camino libre y apoyar a los gobiernos municipales y estatales. 

El presidente pone la agenda todas las mañanas; tratemos de poner en la agenda pública las cosas que sí importan. 

Ivabelle Arroyo

Politóloga

La Sopa

Ivabelle Arroyo Ulloa es politóloga y analista, con 24 años de trayectoria periodística. Es jurado del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en México. Dirige una revista digital sobre política capitalina y escribe para medios jaliscienses.

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