La atención de todos está puesta en la elección presidencial. Se discute si está decidida desde ahora, si sólo Anaya puede derrotar a AMLO, si existen esfuerzos o compló para que decline Meade en favor de Anaya, para juntos poder derrotar a AMLO, etcétera. Sin embargo, también es fundamental lo que sucederá con la composición del Congreso, no sólo por la gobernabilidad de quién gane, sino por la agenda nacional.

Hay varias estimaciones de cómo será la conformación, a partir de las encuestas. Respecto a cuántos para cada partido en la Cámara de Diputados y en la de Senadores, existen pocas variaciones pero coinciden en un punto: ambas cámaras tendrán mayoría de izquierda por primera vez en la historia. En la Cámara de Diputados entre Morena, PRD, Movimiento Ciudadano y PT sumarán alrededor de 275 (mayoría) en el Senado alrededor de 71 (también mayoría).

En estas estimaciones debe considerarse que en el reparto de las candidaturas a diputados de la coalición México al Frente, de los 300 distritos correspondieron al PAN 130 y los restantes 170, entre PRD y MC. Para las tres coaliciones que están formadas por tres partidos cada una, en la boleta aparecerán los tres logotipos y el elector podrá tachar uno, dos o los tres y, dependiendo de esto, a los partidos representará un voto, o medio voto o un tercio de voto, respectivamente. Este tema complica las estimaciones.

Desde luego que la conformación, para temas de gobernabilidad cambiará dependiendo del resultado electoral. Si gana Anaya, se mantiene cohesionado el grupo de México al Frente entre PAN, PRD y MC. Tendrían aproximadamente 200, pero si gana AMLO seguramente varios integrantes de estos partidos, así como del PRI, engrosarían las filas de Morena, tal como pasó en el DF en el 2003. Lo más probable es que Anaya requerirá de acuerdos con otras fuerzas diferentes al Frente y AMLO tendría mayoría por su propia coalición.

El PRI con sus aproximadamente 80 diputados y 14 senadores puede ser irrelevante o el factor de gobernabilidad y decisión, dependiendo del resultado de la elección presidencial y de los temas a debate.

Cuando se revisan los nombres de los candidatos con mayor probabilidad de llegar, tanto por representación proporcional como de mayoría, queda claro que la mayor parte de los grupos no serán homogéneos y seguramente cambiará el esquema de voto uniforme. Será más bien una legislatura de agendas.

Si se trata, por ejemplo, de un tema de libertad económica o de valores familiares, habrá partidarios en casi todos los grupos, lo mismo en el sentido contrario. Igual para los temas fiscales o de subsidios, temas de comercio exterior o laborales. De forma que el cabildeo ya no será suficiente por grupos parlamentarios, sino por grupos de afinidades.

Esta legislatura deja pendientes varios temas, como la obligación, ya vencida, de la ley secundaria en materia laboral, para aplicar el nuevo sistema de justicia laboral y desaparecer las Juntas de Conciliación y Arbitraje. Sin duda, el resultado será muy diferente entre el actual Congreso y el que tendremos a partir de septiembre.

Qué decir del tema presupuestal, de la consolidación de un sistema fiscal competitivo o uno de ocurrencias, sobre la definición de cuáles subsidios son necesarios y cuáles son de oportunidad política.

Faltan más de 50 días para la elección, estos pronósticos están hechos con las encuestas actuales. Bien vale prestar atención a la elección del Congreso y, desde luego, a la importancia de que gane Anaya. México se juega demasiado.