Cada vez estamos más cerca del 2020, un año que para el mundo de las telecomunicaciones viene cargado de promesas y muchas expectativas. La primera, siendo el desarrollo de 5G en América Latina y el Caribe pues, por alguna errónea razón, tenemos la impresión de que en nuestro pedazo del global terráqueo esta tecnología se ha tardado más de lo normal en llegar.

La evidencia histórica nos muestra que ha sido todo lo contrario: 5G es la tecnología inalámbrica para servicios fijos y móviles de más rápida llegada a este rincón del mundo. Mientras que, luego del primer lanzamiento global vimos que 3G tardó cinco años en llegar a la región, 4G unos dos años y para 5G encontramos que cuatro operadores de mercados distintos lanzaron el mismo año en que los más importantes operadores móviles del mundo comenzaban a ofrecer esta tecnología a sus clientes.

El resultado de este avance dependerá de la perspectiva que se quiera adoptar. Para quienes desean ver el vaso medio lleno, pues se terminó el atraso en la adopción de nuevas tecnologías. El perfil de usuario latinoamericano y caribeño no dista mucho en su deseo por utilizar nuevas aplicaciones y tecnologías que consumidores estadounidenses, europeos o coreanos.

Sin embargo, quienes prefieren ver el vaso medio vacío dirán que cuatro redes en un año no demuestran nada y que los teléfonos son extremadamente caros para tener un nivel de adopción acelerado. Aquí se obvia un pequeño detalle, cuando se comercializa una tecnología móvil con años de diferencia de su primer lanzamiento global, se da tiempo a que se desarrolle un ecosistema de dispositivos diverso que incluya desde teléfonos móviles hasta módems para acceso fijo, entre otras cosas.

La realidad, cuando se lanzan servicios de manera simultánea, es que los dispositivos no tendrán el mismo apoyo que brinda la madurez de una tecnología en términos de empresas, fabricando dispositivos, variedad de modelos o hasta el número de mercados que han asignado las frecuencias seleccionadas para los despliegues iniciales de 5G. Si hacen un poco de memoria, recordamos que LTE llegó en el 2011 a la América Latina y el Caribe con lanzamientos en Brasil, Puerto Rico y Uruguay.

No obstante, desde esa fecha hasta los grandes niveles de crecimiento de la tecnología pasaron unos 4-5 años por lo que el crecimiento acelerado en dos dígitos porcentuales no se vieron hasta los trimestres del 2015 y 2016 en toda la región. Claro que antes de esta adopción acelerada hubo varios oleajes de lanzamientos y despliegue de infraestructura para ofrecer cobertura a la mayor cantidad de la población posible.

El crecimiento de 5G seguirá el mismo patrón que el de generaciones previas, aunque un poco más acelerado. Aun con esta rapidez, los próximos 2-3 años serán de lanzamientos y expansión de cobertura para la nueva tecnología. Una expansión que se presenta con más complicaciones que las observadas en generaciones anteriores por el tipo de frecuencias a utilizarse y los modelos de negocio que realmente pueden beneficiarse a corto plazo de una tecnología que puede soportar diez veces más la cantidad de dispositivos conectados que la generación que le precede. En otras palabras, el inicio de la masificación de 5G en América Latina y el Caribe no ocurrirá antes del 2023. Para esa fecha, aún estaremos mejorando el desempeño de la tecnología para que pueda acercarse a las velocidades que se mencionan continuamente en la prensa. Y así como la adopción de la tecnología tardará años, el cambio paradigmático que tendrá en el diario vivir de las personas, en la conducción de negocios o la nueva literatura regulatoria por escribirse tardará décadas en afianzarse.

Contabilizar la transformación total de nuestro modus vivendi en meses o años gracias a la tecnología es vender humo.

José F. Otero

TIC y Desarrollo

José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC. Esta columna es a título personal.