En teoría, sería facilísimo solucionar problemas con una causa clara. En la realidad, casi siempre enfrentemos problemas complejos cuya solución también es compleja. La deserción de la preparatoria es un excelente ejemplo.

En diciembre pasado, la SEP publicó un reporte exhaustivo con los resultados de la Encuesta Nacional de Deserción en la Educación Media Superior. A la luz del reporte, queda clarísimo que existen muchas causas por las que los estudiantes abandonan la preparatoria. Ojalá bastara una reforma para mejorar la calidad. Pero no es así.

De los 4.2 millones que entraron a nivel preparatoria en el ciclo 2010-11 desertaron más de 625.000 (14.93 por ciento). La tasa de deserción es significativamente más alta para los hombres que para las mujeres (16.67 vs 13.25 por ciento). La mayoría deserta el primer año (60.8 por ciento).

En el campo, la deserción es menor que en la ciudad (15.2 vs 11.9 por ciento). La mayor deserción se da en carreras técnicas (22.7%) y es menor en bachilleratos tecnológicos (15.7%) y bachillerato general (13.4 por ciento). Sorprendentemente, la deserción es mayor en escuelas privadas que en públicas (15.7 vs 14.7 por ciento). Puebla es la entidad con menor deserción en nivel preparatoria (10.06 por ciento). En Nuevo León, la deserción es?de más del doble (23.55 por ciento).

Las causas para desertar son muchas y pueden combinarse: no tener dinero para útiles, pasaje o inscripción (49.7%), disgusto por la escuela (17.8%), preferir trabajar (12.9%), no entenderle a los maestros (12.9%), haber reprobado (11.6%), casarse o tener hijos (30 por ciento).

Tienen menor probabilidad de desertar los hijos de padres más educados, los que más horas han dedicado a estudiar, los que han faltado menos a la escuela, los que han sacado mejores calificaciones y los que han consumido menos tabaco, alcohol y otras drogas.

La mayoría de los desertores quería seguir estudiando (57.9 por ciento). La aplastante mayoría de los desertores considera que fue una decisión muy mala (41.3%) o algo mala (28.4 por ciento). La mayoría considera que su decisión afectó negativamente sus posibilidades de encontrar trabajo (60 por ciento). En la mayoría de los casos (78.2%), no hubo un directivo o profesor que interviniera para conocer las causas o intentar evitar la deserción. El reporte también investiga qué tipo de cosas opinan los desertores que les hubieran ayudado a quedarse o a volver a la escuela.

El problema es complejo, pero vale la pena entrarle a las soluciones.

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