En un interesante trabajo denominado El siglo del populismo, el francés Pierre Rosanvallon refiere algunas explicaciones del surgimiento de estos movimientos (al menos 36 tipos). En ellas, evidencia que surgen y responden a este sentimiento ciudadano de no ser atendido, de no ser reconocido y de no importar en lo absoluto frente a las oligarquías que dominan el escenario de lo público.

Para dar un mayor protagonismo al ciudadano y conducir al “pueblo” como núcleo central de la vida democrática, el populismo ofrece herramientas como las consultas populares, las políticas proteccionistas y desde luego el sistema de pasiones y emociones que trasladan a la creación de verdades inciertas o alternativas. Pero el itinerario populista fácilmente se transforma y se encauza a una narrativa que ofrece un proyecto único e irreversible, que propone la polarización social e institucional como justificación de los problemas sociales y desde luego que fortalece una moral de la radicalización donde sólo los que apoyan la transformación están del lado del verdadero “pueblo”. Todos estos elementos distintivos, dice Rosanvallon, producen que ese proyecto ciudadano se convierta en un fenómeno político denominado Democradura.

En la democradura no hay cabida para poderes autónomos o independientes, no hay cabida para repartos del poder. La nueva era, el nuevo orden o la transformación son conceptos de dicho sistema que desechan la idea jurídica, desechan el derecho y desde luego repudian a las instituciones. La transformación o la nueva era impacta en las cortes constitucionales donde lo importante es proponer ministros o magistrados que entiendan la nueva lógica política la cual, se traduce en la mítica frase de Huey Long, exgobernador de Luisiana, “Hoy, la constitución soy yo”. La constitución se transforma así en un artilugio que sirve para expresar la voluntad del líder, que sirve para envolver la decisión y el capricho personal, en un ropaje democrático pero carente de todo contenido.

La incipiente democracia mexicana que durante tantos años fue un anhelo, hoy presenta importantes signos de mutación. Dos ejemplos para ilustrar ello tienen que ver con el poder judicial y con el poder legislativo donde observamos los síntomas que hemos descrito. La validación de la Corte sobre la consulta popular evidenció la clara dependencia del Poder Judicial hacia el Ejecutivo. Los efectos políticos arrasaron sobre la racionalidad jurídica impactando de frente y destrozando la idea de independencia de dicho poder.

El segundo caso está vinculado al poder legislativo con la aprobación de la desaparición de los 109 fideicomisos. Expresiones como “es un encargo del presidente” por parte de los legisladores demuestra la total dependencia de dicho poder al titular del ejecutivo. No cabe la idea de separación, de independencia, de autonomía o de debate. La imposición se manifiesta y las instituciones sólo muestran una especie de andamiaje vacío que sirve para la disimulación democrática.

El camino que estamos eligiendo en México es la mutación de nuestra incipiente democracia hacia la llamada Democradura donde dejarán de existir los servidores públicos los cuales, lentamente están siendo transformados en fieles al servicio del uni-poder, donde se permitirá el enriquecimiento de unos cuantos siempre y cuando demuestren su servilismo al líder. Este camino que iniciamos hace ya un par de años supone un sistema de censura (no en el sentido jurídico del término) donde se ahoga a los medios opositores, (prohibición a las entidades públicas de contratar espacios en ellas como el caso de NEXOS) con el fin de que el espacio público sea colonizado por los medios que sirvan fielmente al poder.

Aún no estamos tarde para enmendar el verdadero camino democrático. La construcción de contrapesos todavía está en manos de nosotros los ciudadanos. El rescate de las instituciones, de la pluralidad de ideas y de la tolerancia democrática son tareas que no deben estar en manos del gobierno. La centralidad ciudadana es un reclamo, pero no debe ser utilizada como un instrumento para perpetuar la voluntad de una sola persona.

*El autor es Doctor en Derecho. Autor, coautor y coordinador de 15 libros en materia de libertades informativas. Actualmente es director de la Licenciatura en Gobierno y Economía de la Universidad Panamericana. Es integrantes del Sistema Nacional del investigadores de México. Preside la Asociación Coorperación Iberoamericana de Transparencia y Acceso a la Información.