Título de una pieza teatral escrita por el dramaturgo español Fernando de Rojas (Toledo 1607-Madrid 1660), aparecida en 1651. Atrás del tema usual de dones y doñas, de amante pérfido y amante triunfante, está el asunto del monarca y su superioridad ante todos, la completa dependencia del vasallo y su lealtad a toda prueba. El encabezado encaja bien en el caso del político cuyo nombre está en boca de muchos, los interesados en el país y el buen desempeño del gobierno. Entre los suyos, el poder que este individuo detenta parece absoluto, ideas, intenciones y acciones son verdades reveladas que no requieren justificación ni exigen comprobación. A diferencia de Alfonso XI de Castilla, de la comedia de Rojas, este rey no lucha con barones feudales rebeldes sino que conduce un variopinto, disímil rebaño de ovejas; las hay encandiladas, exaltadas, realistas, vengativas, ambiciosas, esperanzadas, obnubiladas, idealistas, enardecidas, vengativas, envidiosas y confiadas. Complemento un versito de la obra mencionada que recita don García, “Al Rey le ofrecí de nuevo/esta vida que le debo,/sin esperar que la pida”, con este otro de mi cosecha:

Mira el país que recibo,

en ruinas, en bancarrota,

¿me ayudas, querido amigo?,

el sí del corazón me brota.

Miramos cómo la palabra soberana produce el mismo efecto de ondas concéntricas que la piedra genera al caer en el estanque, o del grito cuyo eco retumba en las montañas: la futura jefa doña Claudia declara que va a recibir una ciudad de la patada, la próxima alcaldesa Brugada apunta algo en el mismo tenor, o sea, nos curamos en salud; el Oráculo pontifica que la reforma educativa ha de cancelarse y el pastor de Morena en la Cámara Baja, don (M) Delgado, sostiene que ni una coma quedará de ella; el elegido decreta, a priori y sin apelación, que el NAIM “no va” y el malencarado y atrabiliario don (J) Jiménez Espriú, con base en iguales razones, repite el veredicto. Y así sucesivamente: debemos lacrar lo que el maestro ha dictado.

Esperemos que don Andrés Manuel no sea presidente itinerante, como fue Francisco I de Francia, nunca estuvo en el mismo lugar durante 15 días consecutivos. Que ya no alborote el gallinero ni le dé palos al avispero, que se vuelva sedentario y que estudie cómo atacar, en serio, sin aspavientos, sonrisitas y veladas amenazas, los problemas de la nación.

Pablo Aveleyra

Escritor

En lontananza

Estudió la Licenciatura en Economía en el ITAM. Prolífico autor que en sus obras ha abordado temas como la economía, la sociología y las finanzas.