(Tercera parte)

En las entregas anteriores comenté sobre varias burbujas especulativas como la “Manía de los Tulipanes” en el siglo XVII, la Crisis de los Mares del Sur, la Crisis del Mississippi  y el desplome de los bonos de los Confederados en el siglo XVIII. Estas burbujas caracterizadas por el patrón de conducta de ambición y pánico, fueron además impulsadas por una equivocada intervención gubernamental, que aunada a precios de activos muy inflados, terminaron en caídas drásticas en los precios de dichos activos y en crisis financieras que duraron años.

En 1871 Alemania derrotó a Francia en la Guerra Franco-Prusiana y empezó a recibir pagos sustanciales por concepto de reparaciones de guerra, lo que le dio recursos para invertir en tecnología y fundar bancos, empresas constructoras, plantas químicas y compañías ferroviarias. La confianza en la economía alemana indujo flujos de inversión crecientes en el país y se detonó un boom bursátil e inmobiliario tanto en Alemania como en sus países vecinos. Como suele suceder con el exceso de flujos de capital, la moneda alemana se fortaleció y sus exportaciones se debilitaron, lo que frenó el crecimiento de las utilidades de muchas empresas. En 1873 la Bolsa de Valores de Viena se desplomó, seguida de forma casi inmediata por la Bolsa de Berlín. Este hecho causó quiebras masivas de empresas y grandes pérdidas de patrimonios familiares.

El gran pánico del año 1873 fue la primera crisis financiera mundial, ya que provocó una reacción en cadena en el resto del mundo. En Europa Occidental el desempleo se disparó. El pánico financiero provocó una recesión y los efectos de la crisis se prolongaron hasta 1896. Estados Unidos no fue inmune a esta crisis, más de 50 compañías ferroviarias quebraron y 18,000 empresas cerraron sus puertas de 1873 a 1875.

A principios del siglo XX, después de una muy necesaria ley antimonopolios, Estados Unidos se fue convirtiendo en una potencia económica. La industria manufacturera adoptó un proceso de producción en serie que le permitió crecer de manera exponencial. Compañías como General Electric, Ford y US Steel tuvieron un acelerado crecimiento. Durante la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos logró grandes ventajas como proveedor principal de materias primas de Europa y como mayor acreedor de los países victoriosos. El crecimiento económico se aceleró en la década de los 20’s, cuando la combinación de crecimiento en las utilidades de las empresas y tasas de interés bajas, fueron llevando al mercado accionario e hipotecario a un boom. El Dow Jones aumentó de 88 puntos en 1924 a 200 en 1928. Durante los primeros años de auge, el crecimiento de las utilidades de las empresas fue acompañando al incremento de los precios de las acciones, sin embargo, a partir del verano de 1928, el Dow Jones se despegó de la realidad, al pasar de 200 a 381 puntos en los siguientes 15 meses.

Durante el boom bursátil los expertos estaban divididos, mientras que Irving Fischer, el famoso economista estadounidense, afirmaba: “Las acciones han alcanzado lo que se ve como un nivel permanentemente alto”, los economistas austríacos Hayek y von Misses veían un colapso inminente en el mercado. De hecho, von Misses no aceptó dirigir el Creditanstalt Bank, el mayor banco de Austria, ya que no quería arriesgar su reputación como economista, ante la crisis financiera que preveía.

En enero de 1928 la Fed decidió aumentar la tasa de interés pasando de 3.5% a 6% en 8 meses. A pesar del aumento en tasas, la burbuja especulativa continuó. A partir del 23 de octubre de 1929, la Bolsa inició su derrumbe cuando la ambición cedió al pánico. Entre septiembre de 1929 y julio de 1932 el mercado cayó 85%. La crisis financiera alcanzó tanto a conocedores como a inversionistas inexpertos. Irving Fischer perdió su fortuna en esa época, mientras que el renombrado economista británico John Maynard Keynes perdió un tercio de su patrimonio.

No todas las burbujas especulativas afectan de manera masiva. La Crisis de Deuda de Latinoamérica en 1982 fue el resultado de un acelerado otorgamiento de créditos de infraestructura por parte de bancos internacionales a Brasil, Argentina y México, apostando a que el precio del petróleo y los ingresos provenientes de las exportaciones de este producto iban a crecer indefinidamente. Con el incremento en las tasas de interés a nivel mundial, el nivel de comercio internacional se deprimió, lo que deterioró el precio del petróleo. Cuando Jesús Silva Herzog, secretario de Hacienda, declaró en agosto de 1982 que México no podía pagar el servicio de su deuda y declaró una moratoria, los mercados de capital internacional pasaron de la ambición y la expectativa equivocada de que los precios del petróleo se mantendrían elevados permanentemente, al pánico, interrumpiendo por varios años el financiamiento a los países de Latinoamérica. El ciclo de devaluaciones e inflaciones descontroladas y de tasas de interés elevadas frenaron el crecimiento económico y provocaron un incremento en el desempleo, este episodio fue conocido en Latinoamérica y especialmente en México como la “Década Pérdida”.

Otras crisis financieras más recientes fueron la Crisis de los “Savings and Loans”, el Crack Bursátil de 1987, la burbuja de las dot.com entre 1997 y 2001 y la crisis inmobiliaria de 2007. Todas estas crisis siguieron el mismo patrón; ambición desmedida que llevó los precios de los activos a rangos muy por encima de su valor real, seguida de pánico que provoca ventas desesperadas de activos, lo que deprime sus precios de manera irracional. Estas crisis, aunque sin duda afectaron el patrimonio de muchos inversionistas, fueron superadas relativamente rápido, en gran medida apoyadas por una política monetaria expansiva en Estados Unidos, evitando varios de los errores de Política Económica ocurridos durante la Gran Depresión.

Evaluando la situación actual, después de una política de tasas de interés bajas en Estados Unidos en la última década y un crecimiento en el DJ de 8,175 puntos en octubre del 2008 a más de 26,000 puntos en fechas recientes, los parámetros típicos de valuación de los activos (como el Precio/Utilidad, el FV/EBITDA y otros indicadores) se fueron encareciendo, lo que refleja que los precios de las acciones han crecido de manera más rápida que las utilidades de las empresas. ¿Es esto un indicativo del fin de una burbuja especulativa en el mercado accionario americano?

Podemos pensar que ante el incremento en tasas de interés, las utilidades de las empresas moderarán sus tasas de crecimiento y dado que el costo de oportunidad (dado por una tasa de interés creciente) ha crecido, los mercados accionarios deberán tener algún ajuste en los próximos meses. Mucho dependerá de la capacidad de las empresas de mantener el crecimiento en sus utilidades.

Donde sin duda se está viviendo una burbuja especulativa, es en la fiebre por las criptomonedas, cuyo valor intrínseco aún no es claro. Este es un tema para analizarse en otro artículo. Termino con una frase de Keynes que aplica especialmente a los inversionistas que les gusta especular: “Los mercados pueden mantener su irracionalidad por más tiempo del que tú puedes mantener tu solvencia”.

*El autor es director general de Banca Privada y Mercados de Grupo Financiero Monex. Sus opiniones son estrictamente personales y reflejan su interés en aprender de la historia.