Notoriamente la respuesta pareciera simple: el dinero. La realidad nos indica que sólo 44% de los mexicanos están confinados. Al ver las ciudades relativamente vacías pareciera lo contrario a la estadística; el hecho de que no haya clases, que haya coincidido la Semana Santa, y el No Circula ofrecen un espejismo. Con ver a toda hora las estaciones del metro, el transporte público, las fiestas de los pueblos, las reuniones en las casas, los súpermercados y tianguis, así como tiendas y fábricas abiertas clandestinamente, las cosas son claras. Lo mismo ocurre con los miles de repartidores de comida, los empleados de seguridad y limpieza, taxistas y vendedores ambulantes; es mejor comer que tener Covid, pareciera el raciocinio. Podemos irnos más allá: en economías como la mexicana, en donde la conectividad a internet es muy deficiente y no existen las condiciones reales para hacer el muy primer mundista home office, no podemos engañarnos con el cuento del confinamiento. Lo importante de la razón que explica la baja respuesta al confinamiento es la necesidad de las personas por salir a conseguir dinero para cubrir sus necesidades; el ser humano lo ha hecho por milenios. Esta realidad no es única para los más necesitados, todos con trabajo o sin éste, salen día a día buscando más ingresos. Actualmente las personas que más están en las calles son aquellas que viven al día o tienen un empleo que tienen que cuidar porque saben que hay mucha gente disponible para ocupar su puesto.

Los seres humanos no son tontos y se dan cuenta de todo, por ejemplo, los trabajadores, que sus patrones no van a poder sostenerles por falta de actividad comercial no por otra razón y con base en ello existen miles de arreglos para trabajar menos o recibir un menor ingreso en tanto dura la pandemia y la crisis económica a la que hemos entrado. Este hecho está ayudando a formar una mayor solidaridad humana entre el patrón y el empleado porque ambos se asumen como parte fundamental y dependiente, el uno del otro, para sostener la unidad económica que es la empresa. Igualmente, comienza a conjurarse el viejo mito de que México es un país de pobres. Nuestro país tiene un número de personas viviendo en pobreza, eso es innegable, pero no es la mayoría. Las personas que sirven café en el Starbucks, que venden en Liverpool, que dan clases en una escuela pública o privada o, las que manejan maquinaria, así como meseros, cocineros y taxistas no son pobres, tienen un oficio y un entrenamiento, uniforme y un lugar de trabajo, probablemente no les alcance el ingreso para vivir mejor, empero, eso no los hace pobres, los hace personas dignas de superarse, pero no pobres, insisto. A estas personas si se les preguntara: dinero o Covid, responderán: dinero. Lo anterior se acentúa por la natural incredulidad a algo desconocido y a la notoria ambigüedad de la información que se les ha dado y por la falta de credibilidad en los políticos y el gobierno, que ocurre en todas partes del mundo. El dinero tiene más prestigio que los políticos.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.