En muchos países, México no es la excepción, las estrategias anticorrupción se han convertido en buenos deseos, en discursos de políticos, que no quieren o no pueden detener el avance del cáncer corruptivo. La corrupción atenta contra las instituciones de los países, la democracia, los derechos de los nacionales. En suma, atenta contra la propia viabilidad de las naciones cuando se encuentra en estados avanzados de descomposición.

Ante el incremento mundial de los actos de corrupción, gana terreno la idea de crear a Corte Internacional Anticorrupción (Ciac), que la combata a través de mecanismos nacionales y supranacionales. Impulsada por Mark Lawrence Wolf, juez federal en Estados Unidos, y propuesta por Colombia en la Organización de las Naciones Unidas, se abre paso ante la congoja ciudadana y los magros resultados de gobiernos locales.

Muchos países han promulgado leyes anticorrupción. No obstante, la problemática principal ha sido su aplicación. La Ciac puede significar una herramienta de disuasión para todos aquellos corruptos y corruptores que consideren que tienen altas posibilidades de resultar impunes en sus países.

Los promotores señalan que sus funciones serían complementarias a los sistemas de justicia, donde no quieren o no pueden procesar los casos de corrupción.

La Ciac abre el debate sobre el papel de la sociedad en la impartición de justicia. En el amenazado y casi inexistente Sistema Nacional Anticorrupción, hay participación social en el proceso de denuncia y emisión de algunas recomendaciones no vinculantes. Empero, no se les reconoce el derecho como partes en los procesos administrativos y penales.

En la Comisión Internacional en contra de la Impunidad en Guatemala —por cierto, en problemas con el actual gobierno, por acusar al hijo y al hermano del presidente Guatemalteco— tienen dos mecanismos de participación social e internacional en el proceso de impartición de justicia: i) tercero interesado en los juicios administrativos, y ii) el querellante adhesivo.

Desde luego que cualquier organismo internacional depende de la información para realizar y sustanciar los procesos de fiscalización-investigación, ello significa voluntad política.

La Ciac parece muy lejana, más en estos tiempos de regreso al nativismo. México le ha invertido mucho dinero en instituciones y programas al problema de la corrupción sin resultados.

Es hora de buscar nuevas alternativas. el ámbito internacional parece más acertado que la centralización que se pretende realizar desde la Auditoría Superior de la Federación y la secretaría de la función pública, que a la final es depender de lo mismo.

Twitter: @ErosalesA

Eliseo Rosales Ávalos

Abogado

Los mismos de siempre

Politólogo y abogado, académico, columnista, presidente de ciudadanos sin partido y orgulloso mexicano.