El brote epidémico del coronavirus ocupa no sólo las planas principales de los noticieros comunes, sino en buena medida las de los especializados en la economía y los mercados.

Esto se debe a las reacciones tan violentas que vimos a finales de la semana pasada e inicios de ésta en los mercados financieros.

Sin embargo, estamos lejos de conocer la auténtica evolución de los hechos y es temprano para juzgar el tamaño del daño sobre la economía china y por consecuencia sobre la economía mundial.

Lo que pienso es que, hasta el momento, la noticia ha dado un buen pretexto a los inversionistas globales para tomar utilidades en valuaciones que eran excesivas, pero no puede considerarse como un argumento sólido para la determinación del rumbo de los mercados aún.

La mejor prueba es la tranquilidad de los últimos días, sin que haya noticias de su contención o del descubrimiento de una vacuna.

En el ámbito de los noticieros especializados en finanzas, es común buscar atribuir el movimiento de los mercados a eventos o hechos específicos; es una costumbre muy arraigada.

No faltan a la razón los medios que manifestaron el temor de los inversionistas ante las noticias relacionadas con el brote epidémico en China y lo señalaron como causa de los fuertes ajustes del viernes y lunes pasado.

Pero no hay que perder de vista el contexto. En los primeros 15 días del año observamos un fuerte rally de las bolsas y un tono de ganancias muy elevado en los mercados.

El alza que vemos en las bolsas globales desde octubre pasado, que ha sido de magnitud considerable, no ha sido acompañada por una dinámica de crecimiento mejor, ni por una expectativa de ganancias más amplia; se origina en la distensión de riesgos y en la permanencia de tasas de interés en niveles mínimos.

La racha de inicio de año ha sido sorpresiva y ya hemos discutido que debido a las razones que la crearon es difícil visualizar factores que generasen una corrección. La epidemia de Wuhan puede ser un buen argumento.

Entre lo poco que sabemos desde nuestra ignorante posición con respecto a eventos de este tipo, es que la progresión geométrica de contagio no ha sido diferente a otros brotes previos.

Sabemos que las autoridades han reaccionado con mayor velocidad que en ocasiones anteriores similares, y que habrá una merma en el crecimiento de China en el primer trimestre, así como en el valor del yuan.

Si la progresión del virus continúa siendo similar, la curva de contagio debe ir reduciendo su pendiente y frenarse en un transcurso de entre tres y seis semanas.

Hasta finales de febrero es un tiempo razonable para preocuparnos, no sólo por el estado de las finanzas, sino por la posibilidad de una pandemia y un choque muy traumático sobre la economía global si las circunstancias se agravan.

La economía de China constituye un fuerte motor para la cadena de suministro manufacturero global y la región de Wuhan en especial concentra una importante participación en el sector industrial y académico de China.

Una evolución adversa de las cosas puede generar mayores problemas de los que se piensan y de los representados nada más por una caída de las bolsas, que siguen en niveles muy caros.

Por ahora, no queda más que observar con detenimiento dicha evolución. Será difícil en febrero que haya noticias que vuelvan a impulsar los precios de los activos. Habrá volatilidad.

Se antoja que será un mes de cautela ante un ambiente que no ha dejado de ser incierto y sobre el cual se mantiene latente un elemento que puede ser muy significativo.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier  pregunta o comentario puede ser enviado: Twitter: @invexbanco

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