De acuerdo con la definición de la Organización para la cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) 1996, la competitividad es el grado en el que una economía produce, bajo un ambiente justo y de libre mercado, bienes y servicios que cumplen con requisitos de mercados internacionales

Para que esta producción genere desarrollo sostenible e incluyente se requiere optimizar flujos y actividades en la región según sus oportunidades y características específicas.

Bajo este enfoque, el cultivo de palma de aceite presenta alto potencial en México con competitividad y con alto impacto en el desarrollo regional para el corredor del istmo de Tehuantepec.

El aceite de palma se utiliza en un sinnúmero de productos como aceites comestibles, mantequillas, mantecas, panificación, helados, detergentes, shampoo, cosméticos, lubricantes y biodiesel, entre otros, por lo que su demanda mundial crece 6% en promedio cada año, impulsada por el crecimiento de la población como por el incremento en el consumo per cápita.

El mercado nacional crece a tasas superiores a las del repunte de la producción. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, (FAO), en el periodo del 2004 al 2013, la producción nacional de aceite de palma creció 150%, a una tasa anual de 11%, mientras que el consumo nacional creció 204%, lo que representó una tasa anual de 13 por ciento.

Del 2003 al 2016, la superficie sembrada se incrementó 208% para superar las 90,000 hectáreas, de las cuales 58,000 se encontraban en etapa productiva, lo que permitió contar con 248% más producción. Aun con este incremento, la producción se satisface apenas 62% de la demanda del país y existen cerca de 500,000 hectáreas con potencial productivo de palma de aceite.

Para impulsar el  cultivo, FIRA aplica el programa de Incentivo de Estímulos a la Producción para Palma de Aceite, que permitirá a productores primarios recuperar 50% de los costos de establecimiento de nuevas plantaciones de palma.

La vinculación del apoyo al crédito reduce de manera significativa restricciones de acceso a capital en el sector. El  productor que cuente con 100,000 pesos para realizar una inversión podría acceder a nueve veces su capital original, considerando que su aportación representa normalmente 10% de la inversión total, el apoyo otro 50% y el financiamiento 40 por ciento.

Es importante destacar el carácter articulador de los proyectos, con contratos de crédito, contrato de compra-venta, servicios de asistencia técnica y seguros, con lo que el sector primario establece un esquema de producción vinculado a la industria de transformación que asegura que la producción mitigue posibles riesgos, ambientales, tecnológicos y de mercado.

*Marco Antonio Cabello Villarreal es especialista en la Subdirección de Programas y Proyectos de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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