El comienzo de la semana nos trajo el anuncio sobre la compartición de redes entre Iusacell y Movistar, por lo que me parece apropiado dar un trasfondo sobre este tema, pues el mismo no es novedoso y tampoco tiene parámetros definidos sobre qué puede ser compartido o no. Primero, hay que destacar que los acuerdos de compartición de infraestructura son muy comunes dentro del sector de telecomunicaciones. Lo que varía es el nivel de compartición que se manifiesta en el mercado, pues el mismo puede ir desde compartir espacio en torres (como sucede en mercados latinoamericanos, como Perú, desde hace más de una década), hasta la creación de una red de telecomunicaciones que es compartida entre dos o más operadores.

Un ejemplo clásico de este tipo de operación conjunta lo es la construcción y despliegue de cables submarinos de fibra óptica, los cuales en ocasiones tienen como copropietarios a decenas de distintos operadores de telecomunicaciones. En el ámbito de servicios móviles, el ejemplo más reciente es el acuerdo en Reino Unido entre Vodafone y la filial británica de Telefónica, O2, donde se establece la creación de una empresa para la administración de las redes de estos operadores en el mercado, permitiéndoles una reducción de costos.

Desde una perspectiva regulatoria, se observan acercamientos dispares al tema de compartición de redes. Por ejemplo, una de las primeras decisiones sobre el tema de cómo se debe compartir infraestructura data del 5 de junio del 2001 y fue emitida por el regulador alemán. La misma permitía la compartición de hasta 40% de la infraestructura a ser desplegada (en ese entonces UMTS), pero no eximía a los operadores de desplegar su propia red de infraestructura. El objetivo del regulador alemán, en medio de un periodo de crisis de la industria global de telecomunicaciones, era el de asegurarse de que las seis empresas que habían adquirido espectro para el lanzamiento de servicios 3G también invirtieran en infraestructura.

Por otro lado, se observa una iniciativa impulsada desde antes de la licitación IMT-2000 de diciembre del 2007 por el gobierno brasileño y los distintos operadores móviles de este mercado. El objetivo era fomentar la creación de una red única de telecomunicaciones para servicios 3G en las zonas apartadas y remotas del país, que permitiese a los operadores móviles cumplir con sus requisitos de cobertura, mientras obtenían un retorno de inversión en un periodo moderado de tiempo. Sin embargo, todo indica que esta iniciativa no prosperó.

Los que se benefician

El primer beneficio que obtiene Movistar es un ingreso adicional en el mercado mexicano, por medio de la utilización de su red de nuevos clientes. La filial de Telefónica también se beneficiará de la reducción de costos en el despliegue e inversión de red. Por otro lado, el beneficio inmediato para el Grupo Iusacell es expandir el área geográfica de sus servicios, lo que le permite, entre otras cosas, expandir su mercado potencial de clientes y de esta forma acelerar su crecimiento en el mercado. Conjuntamente, el operador podrá continuar expandiendo su red dando prioridad a aquellas zonas geográficas donde registre mayor flujo de tráfico, asegurando un rápido retorno de inversión.

El principal afectado

Preliminarmente, el principal perdedor de este acuerdo es Nextel México. El exitoso operador de trunking digital se encuentra en estos momentos en una fase delicada de su existencia: desplegar una red móvil que le permita ir migrando sus clientes iDEN a una plataforma tecnológica estandarizada y soportada por numerosos fabricantes. Históricamente, el acercamiento al mercado de Nextel ha sido enfocado en usuarios de alto poder adquisitivo y el sector corporativo/empresarial. En otras palabras, los mismos mercados objetivos que tiene Iusacell.

A considerar

Signals Telecom Consulting destaca que los beneficios del acuerdo entre Movistar México y el Grupo Iusacell sólo podrán ser disfrutados por los habitantes de zonas rurales del país si la decisión de la filial de servicios móviles de TV Azteca (la aprobación de la adquisición de 50% de las acciones de este operador por parte de Televisa aún está pendiente) decide comercializar servicios en estas zonas. En otras palabras, el operador tendría que invertir en publicidad, logística de distribución y el establecimiento de puntos de venta de sus distintos dispositivos móviles. De lo contrario, el beneficio que obtiene Grupo Iusacell de este acuerdo de roaming y compartición de infraestructura se limitará a mejorar su oferta comercial a clientes existentes.

*Jose F. Otero es presidente de Signals Telecom Group.

Twitter: @Jose_F_Otero