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Mérida entra al radar mundial de las ciudades vulnerables por calor
La capital yucateca ocupa el lugar 47 entre 205 urbes analizadas por investigadores de Oxford. El estudio advierte que el peligro no depende sólo de la temperatura, sino de factores como el envejecimiento poblacional, la falta de cobertura vegetal y las barreras económicas para la refrigeración.

Nuevo indicador. La investigación de Oxford es la primera evaluación armonizada a nivel mundial de su tipo.
El debate global sobre el cambio climático suele concentrarse en los récords de temperatura que rompen los termómetros. Sin embargo, una investigación pionera de la Universidad de Oxford publicada en la revista científica Sustainable Cities and Society acaba de cambiar las reglas del juego con una advertencia para México:
Mérida (Yucatán) apareció en una lista de las ciudades con mayor puntaje de vulnerabilidad por calor a nivel mundial.
El análisis examinó indicadores clave de riesgo relacionados con la exposición a peligros, la vulnerabilidad y la capacidad de adaptación en 205 ciudades de más de un millón de habitantes. Mérida fue enlistada en el número 47, por encima de ciudades en Mozambique, India y Bangladesh y muy cerca de Guayaquil, Ecuador, que ocupa el puesto cuarenta y cuatro.
A nivel absoluto, el estudio identifica a la ciudad de Al Basrah, en Irak, como la más vulnerable de todo el planeta, mientras que el 95% de las urbes con mayor riesgo se concentra en el sur y sureste de Asia y el África subsahariana (en países como Pakistán, Nigeria y Ghana, además de los antes mencionados).
Mérida más allá del termómetro
Si bien la ciudad de Mérida ocupa el puesto 47 general, con esta misma inclusión en la lista se convirtió en uno de los 10 destinos turísticos o centros de negocios internacionales más vulnerables frente a las elevadas temperaturas.
El corazón de la investigación, liderada por Nethmi Jayaratne Kariyawasam, investigadora de la Oxford Smith School of Enterprise and the Environment, demuestra que el peligro real no resulta únicamente de las altas temperaturas y la humedad. En el caso específico de Mérida, la ciudad enfrenta lo que los expertos denominan un "cóctel peligroso": una combinación de calor extremo con una población en acelerado proceso de envejecimiento, una preocupante falta de cobertura vegetal urbana suficiente y severas barreras económicas para el enfriamiento.
"Nuestro estudio subraya la importancia de las evaluaciones multifacéticas del riesgo global de calor, que revelan las diversas vías por las que surge el riesgo de calor urbano", explica Kariyawasam. "En muchas grandes ciudades, el calor extremo coincide con una alta vulnerabilidad y una capacidad de adaptación limitada. Esta combinación puede aumentar sustancialmente el riesgo y tener consecuencias potencialmente mortales", dijo.
Para Mérida y varias ciudades en México, este enfoque redefine por completo cómo se debe medir el peligro de sus ya conocidas olas de calor. El estudio cruzó las variables climáticas con factores demográficos y socioeconómicos críticos que impactan directamente a la población local: El peso de la población menor de 4 años y mayor de 65 años que eleva drásticamente el riesgo; el “PIB inverso per cápita” y los precios de la electricidad como indicadores de riesgo, así como la falta de cobertura arbórea uniforme que lamentablemente favorece la segregación urbana.
La paradoja de la refrigeración
La doctora Radhika Khosla, profesora asociada en Oxford y codirectora de la investigación, advierte sobre el peligro de depender exclusivamente del aire acondicionado, una dinámica muy común en el crecimiento inmobiliario de Mérida y otras ciudades.
"La demanda de aire acondicionado está aumentando en todo el mundo, pero muchos no pueden permitírselo. Si dependemos excesivamente de este sistema de refrigeración de alto consumo energético, corremos el riesgo de agravar el calentamiento global en un círculo vicioso. Para ampliar la adaptación y el confort térmico para todos, debemos priorizar las soluciones de refrigeración pasiva y las tecnologías de bajo consumo energético, como ventiladores y enfriadores".
El análisis de Oxford también deja una conclusión contundente para las autoridades locales: los modelos corporativos de Smart cities (Ciudades inteligentes) importados del Norte global fracasan si solo proponen tecnología de lujo. En la península y en el resto de América Latina, una iniciativa urbana solo es inteligente si está impulsada por los ciudadanos (citizen-driven) y si usa la innovación para mitigar las brechas de exclusión, traduciéndose en transparencia, rendición de cuentas y sistemas de alerta de salud pública por calor.
Faros de esperanza y soluciones regionales
A pesar de las graves restricciones presupuestarias de los municipios, la investigación de Oxford destaca que existen proyectos en América Latina que sirven como referentes de sostenibilidad e innovación.
Por ejemplo, la Ciudad de México resalta como el principal nodo de la región en el desarrollo e integración de marcos normativos para edificios inteligentes y verdes (smart and green buildings) enfocados en la eficiencia energética. En el sector transporte, Bogotá y Medellín (Colombia) son referentes absolutos en movilidad sostenible gracias a la flota de buses eléctricos de la capital y al sistema integrado de transporte masivo (escaleras eléctricas y metrocables) en las comunas de Medellín, que reducen la huella de carbono mientras resuelven la accesibilidad de comunidades vulnerables.
Los expertos concluyen que las soluciones prioritarias obligan a los gobiernos locales a invertir en resiliencia eléctrica para evitar colapsos por picos de demanda, implementar planes de reforestación urbana en barrios de menores ingresos, impulsar regulaciones que exijan diseño bioclimático, esto último para reducir la dependencia del aire acondicionado y mitigar la burocracia institucional.
Un llamado urgente
El cambio climático ya es responsable de más de una tercera parte de las muertes anuales por olas de calor en el mundo. Con una población urbana global que alcanzará las dos terceras partes de la humanidad en los próximos 25 años, los gobiernos locales deben equilibrar urgentemente todas sus agendas.


