Estados Unidos desea hablar con México sobre temas de seguridad, pero en Palacio Nacional el deseo es hablar de árboles.

Sin importar el origen de la materia prima para elaborar conjeturas, se sabe en dónde se ubica la principal fisura entre los gobiernos de los presidentes Biden y López Obrador: seguridad.

Christopher Landau dejó de ser embajador de Estados Unidos, pero, quizá, es un mensajero involuntario de la actual administración Biden.

Landau no tiene capital diplomático intercambiable en el actual Gobierno estadounidense por haber sido nombrado por Trump pero, sobre todo, porque no es del servicio diplomático del Departamento de Estado. Sus rondas de conversaciones vía Zoom son seguidas por más de un diplomático. Una de las recientes fue filtrada y en ella revela su mayor sorpresa durante su misión en México. Landau menciona que el presidente López Obrador es "muy insistente" en "tratar de evitar conflictos" con los cárteles del narcotráfico.

Las palabras de Landau no tendrían que generar polémica por tres razones: las dijo en un evento privado; las ha mencionado en otras ocasiones y, finalmente; el presidente López Obrador ha derivado de su política de “abrazos y no balazos” decisiones como la liberación de Ovidio Guzmán, hijo del chapo.

Bajo la estela de la sorpresa, Landau también ha indicado en varias ocasiones que el narcotráfico controla “entre el 35 y 40% del territorio mexicano”, escenario que, de asimilarse a la realidad, estaría esbozando un narco Estado.

No hay nada bajo la mesa. Previendo la nube que veía venir, desde el año pasado el presidente López Obrador articuló una enmienda a la ley de seguridad para crear algo que podría llamarse “ley anti DEA”, con la que desea regular las actuaciones de los agentes de inteligencia estadounidenses en México.

Para Palacio Nacional la frontera entre Trump y Biden es muy diferente a la que dibujan los cartógrafos republicanos y demócratas. En el mapa de Palacio Nacional la frontera se llama 4T. Trump no se metió con la ruta crítica del proyecto presidencial, pero Biden lo está haciendo por cuestión de seguridad nacional de su país. pero sobre todo, por recuperar lo perdido por Trump.

La vicepresidenta Kamala Harris tiene como primera encomienda presidencial delinear las estrategias de colaboración con Centroamérica. Este viernes sostendrá un encuentro virtual con el presidente López Obrador. Dejando a un lado las típicas frases de buenas intenciones de ambas partes sobre la cooperación que leeremos y escucharemos en medios de comunicación desde el mismo viernes, la estadounidense medirá el espectro en el que se moverá la relación bilateral con México.

Joe Biden y Kamala Harris han hecho de una petición una estrategia hacia Centroamérica. Desde el Capitolio, la representante demócrata Norma Torres les pidió que no entreguen a las manos de los presidentes Alejandro Giammattei, Juan Orlando Hernández y Nayib Bukele, dinero para el desarrollo por el tema de la corrupción. Molestos, el salvadoreño y el hondureño, han prendido fuego a los puentes que llevan a Washington.

Ayer, durante la conferencia anual del Council of the Americas, Harris habló sobre la corrupción: “No importa cuánto esfuerzo tendremos que hacer para frenar la violencia, brindar ayuda en casos de desastres, abordar la inseguridad alimentaria, en nada de esto lograremos resultados significativos sobre el progreso si persiste la corrupción en la región”.

“Si persiste la corrupción, la historia nos lo ha dicho, será un paso adelante y dos para atrás”.

Seguridad y corrupción son los dos vectores que dirigirán la relación de Estados Unidos con México y Centroamérica. ¿Habrá un frente AMLO/Bukele/Orlando?

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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