La UNAM inicia hoy lunes con las clases de manera virtual. 350,000 alumnos habrán de asistir a clases a través de mecanismos remotos. El reto es mayúsculo. Tiene implicaciones de toda índole. Por un lado, la adaptación de los maestros a la vía tecnológica para poder entregar sus conocimientos y hacerse escuchar en vez de hacerlo de manera presencial. Como maestro de la Facultad de Derecho el reto ha sido, hasta ahora, una búsqueda permanente de imaginación y de dedicación a tratar de mantener la atención y convertir la anécdota y la platica directa, por herramientas que permitan trascender y acercarse a los alumnos con una metodología novedosa y atractiva.

Por el lado de los alumnos, el reto es igualmente complejo. Dejar el aula, la convivencia diaria con compañeros y la discusión que acompaña el ambiente universitario, para tratar de resolver en la soledad y la frialdad de la pantalla las dudas y la atención requerida para adquirir el conocimiento de las materias a las que se dedican este semestre.

La reflexión no es menor. Significa que por una u otra razón, existe la infraestructura, las capacidades técnicas y los recursos para que esto pueda darse. Significa que hay un México que está montado en la modernidad, equivalente a cualquier país del mundo moderno. Significa que por más que quiera pensarse de otra manera, esta economía, la número 15 del mundo, obliga a un comportamiento responsable y cuidadoso.

Un país con, ciertamente, las desigualdades que posee, también tiene un grado de desarrollo que no puede tratarse con irresponsabilidad y a la ligera. No somos solamente el país de los pobres, también somo el país que produce la mayoría de todas las pantallas de televisión del mundo, los zapatos, los refrigeradores y otras miles de cosas que no se ven pero que han producido la riqueza económica y social de la que hasta ahora habíamos disfrutado.

Cuando el discurso actual, subraya sólo nuestras deficiencias y no recuerda nuestras fortalezas, acaba tomando decisiones equivocadas. En ese contexto es que se piensa que los jóvenes necesitan que les regalen dinero. Que las personas no pueden enseñarles a pescar en vez de regalarles pescados, porque se cree que no hay ni agua ni peces y esa sencillamente no es nuestra realidad.

Sí hay peces y sí hay agua. Centrarse en enseñar a crecer y sobrevivir, entonces, se vuelve más importante que tratar a la población como incapaz o desprovista de todo. No es un extremo u otro, México caminaba por el sendero de un crecimiento modesto, pero crecimiento. México tenía servicios de salud deficientes y perfectibles, pero no eran un desastre por completo, ni un espacio de corrupción insondable. Necesitábamos, realmente, de un aeropuerto moderno y suficiente para el intercambio que significaba ser la quinceava economía del mundo.

En fin, trabajar en reducir las desigualdades y las injusticias, pero no parecía necesario reinventarlo todo, a costa de la desaparición de instituciones y el regodeo en el discurso de la autocompasión.

Claro que uno puede estar de acuerdo con el Presidente respecto de su combate a la corrupción era indispensable trabajar en ello, pero no a costa de fracasar en seguridad, salud, infraestructura y crecimiento.

Que la UNAM abra para 350,000 estudiantes presenciales y 600,000 a distancia y en educación continua, una alternativa moderna y viable de educación, da muestras de que hay y pueden construirse instituciones que con seriedad, pueden estar a la altura de cualquier similar del mundo. El día que tratemos con seriedad nuestra realidad, las alternativas planteadas para nuestro país serán mejores y acertadas, de ningún modo en la división y la autocompasión que no nos deja ser mejores mexicanos. Nada más, pero nada menos, sin duda.

Miguel González Compeán

Abogado, politólogo y economista

Columna invitada

Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.