Trump es un fenómeno de la comunicación política. 

Generó empatía no solo entre la población estadounidense y sorteó el laberíntico mundo de la comunicación social, siempre dependiente de los medios de comunicación. 

Un presidente como cualquier peatón que camina de manera trémula sobre una avenida por escribir mensajes en WhatsApp o Twitter terminó por derruir el viejo paradigma de la comunicación política. 

Adiós a la Blackberry de Barack Obama, un icono que rejuveneció a la vieja clase política de Washington. 

¿Cómo era posible que en 2016 un señor de 70 años de edad pudiera competir en el ecosistema de la comunicación con el presidente saliente, Obama?

El verano de 2015 reveló su intención de lanzar su precandidatura a la presidencia de Estados Unidos y lo mejor para analizar la misma era hacerlo con las herramientas de la mercadotecnia y no de la política. Es claro que él siempre tuvo dos objetivos: maximizar el valor de la marca Trump y saciar su egocentrismo a través de una precandidatura presidencial.

Trump ejecutó un salto cuántico a través de Twitter, la red social de ficción que parece real. 

El ecosistema de la red social hace ser diferente a Twitter de un medio de comunicación por una razón fundamental: los nodos interconectados por amigos y familiares le dan un barniz de credibilidad a todo lo que se escriba y lea.

El entorno de 2016 presentaba una serie de variables que le facilitaron a Trump saltar a la Casa Blanca, el principal, la crisis económica de 2009 combinada con el declive de la clase política de las élites y dinastías. 

No es difícil viajar de la realidad a la ficción de las redes sociales. Es ahí donde se cocinan y propagan las deliciosas teorías de conspiración. Lo difícil es el viaje de regreso. Lo vimos el miércoles 6 de enero en el Capitolio. Quienes lo asaltaron vivían con gozo en las redes sociales. Convencidos de un fraude electoral, se vistieron con sus mejores galas y acudieron al llamado de Trump.

Las hordas disfrutaron el día como si se tratara de un carnaval. Selfies en la oficina de Nancy Pelosi o con esculturas de héroes de la democracia estadounidense. La pachanga duró tres horas, pero muchos de ellos pasarán el resto de sus vidas en la cárcel. Lo peor, en la “fiesta” murieron cinco personas.

La empresa Twitter decidió desaparecer a @RealDonaldTrump. El juicio político súbito. En otro carril viajan los políticos. Demócratas y republicanos quieren a @POTUS fuera de la Casa Blanca dos semanas antes de que concluya su gestión. 

¿Quién gobernó? ¿@RealDonaldTrump o @POTUS?

@RealDonaldTrump comunicaba emociones; @POTUS, seriedad.

Trump se fabricó en Twitter, pero nunca quiso regresar a la realidad porque no era político. Lo intentó tras su derrota en las elecciones de noviembre. No pudo porque fallecieron cinco personas y el Capitolio fue asaltado.

Así murió @RealDonaldTrump. Ahora, el empresario, y muy pronto expresidente Donald Trump, tendrá que viajar de regreso a la realidad rindiendo cuentas a la justicia.

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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