No hay una narrativa clara que consolide la intuición de muchos inversionistas de seguir invertidos en Bolsa. Como ya lo hemos advertido, las cosas han cambiado desde la corrección de principios de febrero. Existen argumentos a favor y en contra de los mercados de capitales. Aquí le enumeramos algunos para después llegar a la misma conclusión: las cosas han cambiado y los rendimientos extraordinariamente altos del pasado son menos probables

Durante los primeros días de febrero, los principales índices de Bolsa presentaron ajustes considerables. Estos ajustes fueron de alguna manera violentos. Entre el 26 de enero y el 8 de febrero, los índices Dow Jones, Standard & Poor’s 500 y Nasdaq cayeron respectivamente 10.4, 10.15 y 9.8 por ciento.

La causa principal del ajuste fue atribuida a los temores que se generalizaron entre los inversionistas relacionados con el notorio incremento de tasas del mes de enero, y las posibilidades de una trayectoria más acentuada en los aumentos que la Fed aplicaría a la tasa de un día.

Pero también hay que tomar en cuenta el incremento, igual de violento, que se vivió entre noviembre y la tercera semana de enero; del 1 de noviembre al 25 de enero los índices mencionados subieron, nada más, 14, 11.6 y 11.7%, respectivamente.

Lo más significativo, sin embargo, fue el rompimiento de una cadena de incrementos casi continua que había reducido los niveles de volatilidad a su mínima expresión, durante al menos un par de años.

Desde entonces, los inversionistas dudan. Se sabe que las valuaciones son históricamente altas. Pero al mismo tiempo, nos adentramos en un año con características especiales: se redujo sustancialmente la tasa de impuestos y ello representa la expectativa de un crecimiento en las utilidades en promedio de las empresas que integran dichos índices de alrededor de 24% de acuerdo con el consenso de Bloomberg; ello le debería dar sostén al rendimiento positivo en los mercados de acuerdo con los que se inclinan hacia ese lado.

Sin embargo, es una expectativa muy arraigada que las tasas de corto plazo van a subir y es muy latente el riesgo de que, ante un crecimiento muy favorable, aparezcan brotes de inflación que no habían asomado en años anteriores. Esa parece ser la condición para tener más temor con relación a la trayectoria de las tasas.

Cuando se disipan los temores sobre un salto inflacionario, los mercados lo agradecen. La persistencia de buenos datos económicos con una percepción más moderada sobre la inflación permitió que los índices recuperaran un buen terreno (8% en promedio) durante las últimas semanas de febrero.

No obstante, en esta semana reaparecieron las dudas. Ahora, los inversionistas se cuestionan la consistencia del mercado ante datos económicos menos contundentes y las embestidas proteccionistas del gobierno norteamericano, así como sus cambios más recientes.

De qué lado ponerse no resulta tan sencillo. Hay quienes creen que la inflación no es una amenaza pero dudan con relación a la fuerza del crecimiento; hay quienes asumen esto último pero temen una escalada de tasas que interrumpa la tendencia positiva de las bolsas.

Por lo pronto, hay más gente que podría estar haciéndose a un lado. De acuerdo con una encuesta semanal levantada por la Asociación Americana de Inversionistas Individuales, 45% de los respondientes sostiene una perspectiva neutral con respecto a la Bolsa, el nivel más alto en dos años.

En México, la historia no es tan favorable. La Bolsa mantiene una tendencia de baja a lo largo del año. Los elementos particulares de incertidumbre (TLCAN, elecciones) le afectan. Aquí la decisión parece más sencilla.

Pero en ambos casos, parece ser algo muy predecible que los retornos, ante un escenario de volatilidad, serán bastante menores a los vistos el año pasado. Ya veremos.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier  pregunta o comentario puede ser enviado al correo:

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