Toda inversión tiene riesgos, aunque pensemos que no. De lo que se trata es de conocerlos, para poder manejarlos

La diversificación es una de las maneras más eficientes para controlar el riesgo de nuestro portafolio. Sin embargo, a pesar de que siempre hemos escuchado los peligros de poner “todos los huevos en la misma canasta”, muchas personas siguen comprando una única clase de activo.

Eso tiene razones históricas, que ya deberíamos haber superado. Durante muchos años, el peso mexicano fue una moneda débil, volátil, sujeta a devaluaciones abruptas que llevaban a una enorme pérdida de su poder adquisitivo. Ante eso, la gente comenzó a ver al dólar como un refugio, una protección para conservar el valor de su dinero.

Pero también hay que entender que en ese entonces, tampoco había las muchas alternativas de inversión que tenemos hoy en día. Además, México afortunadamente encontró hace más de 20 años un camino para la estabilidad económica.

En ese sentido, lo que en el pasado era una decisión sensata, hoy se mantiene como un prejuicio muy arraigado. Un familiar, por ejemplo, recibió una herencia y lo primero que hizo fue irse a Estados Unidos a depositarla en una cuenta bancaria que tiene en aquel país. Su pretexto: le da miedo la inseguridad en México y el entorno político actual, con el que no está de acuerdo. Tiene miedo. Pero se le olvida que en Estados Unidos también hay inflación y que su dinero ahí va perdiendo también poder adquisitivo con los años, ya que los rendimientos que pagan los bancos por depósitos son cercanos a cero.

Otro gran prejuicio que existe en México es la inversión en bienes raíces. Existe la creencia de que éstos “siempre tienen una plusvalía, nunca pierden su valor”.

Pero la realidad es muy distinta: simplemente hay que ver lo que sucedió con el mercado inmobiliario de Estados Unidos, donde como consecuencia de la crisis financiera muchas viviendas perdieron más de 60% de lo que llegaron a costar. hoy en día, muchas zonas no llegaron a recuperarse, después de muchísimos años. Pero, además, la gente no se pone a pensar que en el futuro una zona que hoy es tranquila puede convertirse en un lugar inseguro, como ha sucedido en ciudades como Irapuato. Quizá el día de mañana a alguien se le ocurra construir una gasolinera al lado de donde tenemos una propiedad, lo cual genera una pérdida de valor importante.

No quiero decir que los bienes raíces no sean una buena inversión: muchas veces pueden serlo. Pero invertir en ellos también tiene sus riesgos y es importante conocerlos. Mucha gente los pierde de vista precisamente por los prejuicios ya mencionados.

Otro prejuicio es dedicar los ahorros a la compra de metales amonedados, particularmente centenarios. También con la creencia, bien arraigada, de que el oro nunca pierde su valor. Cada vez que alguien me pregunta sobre esto, los remito a que vean la gráfica del precio del oro: además de que ha tenido altibajos, su precio se mantuvo relativamente estable por muchísimos años. Sólo en los años a partir del 2008 y hasta el 2011 tuvo un alza espectacular, pero a partir de ahí comenzó a caer y también está lejos de su máximo histórico. Por otro lado, tenerlos en casa constituye también un riesgo importante de robo.

El oro y otros metales también pueden ser parte integrante de un portafolio de inversión bien diversificado, en una pequeña proporción. Pero poner todos los ahorros en esa clase de activo es un gran error.

Aunque hay otros, quiero deternerme aquí. Todos estos (y más) afectan seriamente nuestra capacidad de tomar decisiones de inversión. Pueden, además, incrementar nuestro riesgo o hacer que nuestro dinero, en el mejor de los casos, pierda poder adquisitivo con los años (en lugar de ganar, que es la razón por la cual uno invierte en primer lugar). Además, como en todo, hay un costo de oportunidad: nos pueden hacer perder mejores oportunidades para el largo plazo.

Quiero enfatizar algo que siempre he dicho: toda inversión tiene riesgos, aunque pensemos que no. De lo que se trata es de conocerlos, para poder manejarlos. Para poder construir un portafolio que esté acorde a nuestras necesidades y no exceda del riesgo que queremos o podemos tomar. Se trata de evitar sorpresas desagradables y de tomar decisiones adecuadas sobre nuestro dinero.

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JoanLanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com