Todos levantamos las cejas el lunes pasado. Las bolsas en Estados Unidos y en general en el resto del mundo registraron un ajuste bastante abrupto. El principal indicador de volatilidad se elevó de manera súbita. Por lo menos, este ajuste ha servido para atemperar el entusiasmo y generar dudas. El futuro depende tan sólo de la percepción, aunque la economía marche supuestamente sobre ruedas

Lo primero que salta a la cabeza es que se trata de un ajuste esperado; no hay que olvidar que el año comenzó con furia en los mercados; hasta el cierre de enero había rendimientos muy positivos en casi todas las clases de activos. Justificados o no, nos preguntábamos si serían sostenibles.

Había argumentos para suponerlo. Los inversionistas han mantenido un estado de optimismo con respecto al crecimiento de las utilidades en la mayoría de las empresas. Tan sólo en Estados Unidos las políticas de reducción de impuestos y de desregulación justificaron en algo el empuje de las bolsas. Los agentes, aún siguen estimando que puede haber ganancias en los meses siguientes.

EL culpable más señalado del ajuste es la percepción de que puede haber presiones relevantes sobre la inflación. La inflación apenas se acerca al objetivo de distintos bancos centrales desarrollados, y éstos han sido prudentes en señalar que se moverán con calma en la idea de subir tasas de referencia.

Sin embargo, lo favorable de las cifras y el empellón que han registrado las tasas de largo plazo, en especial en Estados Unidos (la tasa de los bonos del Tesoro a 10 años ha subido de un nivel inferior a 2.30% a uno de 2.8% en lo que va del año), han puesto en alerta a los inversionistas.

No sabemos si el viernes el dato de un mayor crecimiento de los salarios o la toma de posesión del nuevo presidente de la Reserva Federal fueron factores que originaron posturas de venta que se multiplicaron rápidamente.

Al día de hoy la mayoría de los intermediarios ha lanzado mensajes de tranquilidad a los inversionistas con base en la proyección favorable de crecimiento que hay para Estados Unidos y para el mundo.

Parece haber la idea de que se trata de una corrección temporal muy natural después de una racha de ganancias muy fuerte.

En este espacio hemos discutido desde hace mucho tiempo que las tendencias de sobrevaloración en muchos mercados no debieran ser sostenibles.

No en un contexto de mayor crecimiento como el que se espera. Si las bolsas tienden a subir más habrá momentos de valuaciones excesivas. Si el crecimiento se acelera la expectativa con respecto a las tasas puede continuar deteriorándose y ello ocasionar un movimiento no esperado en la curva de tasas.

No importa si las cosas funcionan en la economía y en los flujos de inversión; basta con que una narrativa de peligro tome forma para cambiar la tendencia y arraigar una percepción de que en los siguientes meses ya no habría las ganancias que se vieron en el 2017 y en enero de este año.

¿Qué estamos haciendo los participantes en los mercados? Simplemente esperar. Lo brusco del ajuste apuntaba a algún rebote de corte técnico; así ha sucedido.

Pero basta ver si los mercados vuelven a abatir los indicadores de volatilidad y si recuperan el entusiasmo.

Ello depende mucho de la percepción que se construya en los siguientes días y, como le decía, con crecimiento y todo, una narrativa adversa puede ser todo lo que se necesitaba para que la corrección sea aun mayor y los rendimientos bajos perduren por un buen tiempo.

*Rodolfo Campuzano Meza es Director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier pregunta o comentario pueden ser enviados al correo:

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