Un sistema de producción que contribuye en la disminución de costos es la labranza de conservación. En el sistema de producción actual, los costos en preparación de suelo ascienden a 4,100 pesos por hectárea en promedio. Practicando labranza de conservación, que consiste en el aprovechamiento de los residuos del cultivo anterior, depositados sobre la superficie del suelo, realizando la siembra en forma directa, se tiene un ahorro de 70% en la preparación de terreno. Aunado a este sistema es la utilización de variedades que tienen un mayor nivel de amacollamiento, resistencia a enfermedades comunes del cultivo, fortaleza contra el acame y disminución de la densidad de siembra en 40% a las dosis actuales empleadas.

Otro elemento es el uso racional y balanceado de la nutrición del cultivo, reconociendo la importancia de la fertilidad del suelo por medio del análisis químico y el uso  de fertilización comprobadas por los centros de investigación del país. Igualmente, el uso eficiente del agua mediante la nivelación de tierras, sistemas de riego que reduzca pérdidas de agua y se usen metodologías de monitoreo de la humedad y medio ambiente; sin soslayar el uso racional de agroquímicos o la minimización de éstos mediante la sustitución por organismos benéficos.

Experiencias del Centro de Desarrollo Tecnológico Villadiego de FIRA,  que coordina la SHCP, ubicado en Valle de Santiago, Guanajuato, en el cultivo de trigo en el ciclo O-I 2016/17, en labranza de conservación y riego rodado, obtuvo un rendimiento de 6 ton/ha con costos de producción de 15,000 pesos por hectárea, relación beneficio-costo de 1.55 y punto de equilibrio de 3.8 ton/ha. El precio de venta por tonelada fue de 3,950 pesos, con un costo de 2,549 pesos.

Adicionalmente, indicadores de sostenibilidad demuestran el uso de técnicas amigables con el medio ambiente y muestran que por cada tonelada producida se emplearon 1,271.2 m3 de agua, 423.7 kwh, 19.8 gramos de ingrediente activo de herbicida, 30.9 kilogramos de nitrógeno y 70.3 litros de diesel/hectárea; a esto se le conoce como huella hídrica, huella ecológica y huella de carbono, respectivamente, los cuales indican la eficiencia en el uso del agua, la tendencia en la utilización de plaguicidas y sustancias contaminantes, así como el nivel de dependencia de combustibles de origen fósil con su implicación en la emisión de gases de efecto invernadero derivados del sistema de producción.

El Centro de Desarrollo Tecnológico Villadiego demuestra un modelo de producción sostenible de granos a toda persona interesada,  así como cursos de capacitación para la implementación de esquemas de agricultura sostenible y responsable, será un gusto atenderlos.

*Carlos Torres Barrera es jefe de Departamento del CDT Villadiego de FIRA. La opinión aquí expresada es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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