¿Por qué celebrar en México el acuerdo del tomate con Estados Unidos? Los grandes ganadores son los productores de Florida. Ellos lograron que el comercio binacional de este producto se reordene en condiciones que le permite soñar con recuperar una parte del mercado, que ahora está en manos de los productores mexicanos. Se eliminan los aranceles, pero eso no es una ventaja porque habrá barreras no arancelarias. Habrá más controles y nuevas reglas que encarecerán el tomate mexicano.

¿Cuánto mercado perderán los productores mexicanos como consecuencia del acuerdo? La pregunta tiene sentido porque los cambios de las reglas están diseñadas para “amarrar” las manos a los mexicanos, en su mayoría sinaloenses. Ellos tienen ahora 50% del pastel, en el mercado más rico del mundo. Se convirtieron en líderes indiscutibles en un mercado muy competitivo por sus eficiencias productivas y también por un “intangible”: el sabor, que refleja las características del clima y el suelo de México.

En la era Trump, el libre comercio se ha convertido en comercio administrado. El acuerdo del tomate refleja esta nueva realidad. Estados Unidos pone fin a la investigación por dumping en contra de los productores del tomate mexicano y regresará todo lo que cobró, desde mayo, en forma de un arancel compensatorio de 17.5 por ciento. En teoría esto es un triunfo para México. En la práctica, es otra cosa: tratará el tomate mexicano, como si efectivamente hiciera dumping y se vendiera en Estados Unidos por debajo de sus costos de producción en México.

Podemos suponer que no se demostró de manera clara que los productores mexicanos hacen dumping. Podemos suponerlo porque, si hubiera sido así, las autoridades de Estados Unidos no se resignarían a regresar los aranceles compensatorios cobrados desde el mes de mayo. No se probó el dumping, pero eso no importa: los comercializadores se obligan a subir hasta 40% el precio de las variedades premium y orgánica del tomate mexicano. Este incremento sería una excelente noticia para México si sus “frutos” llegaran a nuestro país, pero no necesariamente será así. Hay que tomar en cuenta el enorme poder de mercado que tienen los operadores o intermediarios de la cadena de distribución en Estados Unidos, los famosos brókeres. Son aproximadamente 100 empresarios que se llevan una gran rebanada de un pastel que vale más de 2,000 millones de dólares anuales.

¿Cómo será la inspección del tomate mexicano? Quedó claro que no será 92% del total, sino algo parecido a 66%, pero en cualquier caso el porcentaje es tan alto que existe un riesgo de dislocación del mercado del tomate estadounidense, como advierte la Fresh Produce Association de Estados Unidos. No hay mucha información respecto adónde se harán las inspecciones, pero todo parece indicar que una parte será en la frontera y otra en bodegas y lugares de almacenamiento de los brókeres, en territorio estadounidense. El lugar de la inspección importa porque, en caso de que fuera en la frontera, podría afectar el flujo normal de mercancía. El tomate mexicano pasa, en su mayor parte, por Nogales. En esa aduana, el tomate representa 20% de la carga total. Allá hay preocupación de los trastornos que las inspecciones podrían significar para la introducción de otros productos mexicanos que pasan por esa frontera. O sea, que no se afectaría sólo el tomate. ¿Por qué celebrar en México? Que festejen en Florida.

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Luis Miguel González

Director General Editorial de El Economista

Caja Fuerte

Licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara. Estudió el Master de Periodismo en El País, en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, y una especialización en periodismo económico en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del diario PÚBLICO de Guadalajara, y ha trabajado en los periódicos Siglo 21 y Milenio.

Se ha especializado en periodismo económico y en periodismo de investigación, y ha realizado estancias profesionales en Cinco Días de Madrid y San Antonio Express News, de San Antonio, Texas.