Hace unos días platicaba con mis hijos, quienes están próximos a graduarse, sobre el tema de la vejez y del reto que esto significa para las finanzas personales. Y es que en principio, y si todo sale bien, todos llegaremos a viejos, la gran pregunta es cómo vamos a vivir de viejos, más aun si consideramos que con los avances de la ciencia el periodo de la vejez ahora representa prácticamente un tercio de nuestras vidas.

El primer mensaje que les trasmití a mis hijos fue muy claro: la calidad de vida que ustedes tengan cuando sean viejos dependerá de lo que ahorren, sino ahorran tendrán una vejez precaria. Mis hijos y todos aquellos que empezaron a trabajar después de 1997, no contarán con una pensión tradicional, de manera tal que es imperioso enraizar la cultura del ahorro para poder tener un retiro digno.

Cuando empezaron a entender la problemática, surgieron varías preguntas: cuándo debemos de empezar a ahorrar y cuánto. La teoría tradicional indica que se debe empezar desde el primer día en que se percibe un ingreso; yo creo que se debe empezar a ahorrar desde que aprendemos a gastar.

Es decir, si durante pequeños se les da a los chicos el famoso domingo , una parte se debería destinar a la alcancía, y no necesariamente porque el monto ahorrado vaya a marcar la diferencia cuando sean viejos, sino porque se habrá creado el hábito del ahorro, y esto sí marcará la diferencia con el paso de los años.

La pregunta relacionada con la cantidad que se debe ahorrar tiene varias respuestas, dependiendo de múltiples condiciones demográficas y biométricas que explican el ciclo de vida de cada individuo y de cada empresa en la que se trabaja. Pero quizá más allá de un número puntual, los jóvenes deben procurar un cambio en el paradigma del ahorro, de manera tal que ahora no piensen en ahorrar lo que les queda después de gastar, sino en gastar lo que les queda después de ahorrar.

Este cambio de perspectiva puede ser muy útil bajo las condiciones en las que efectivamente no se contará con una pensión. En este sentido, la historia en México se transformó en julio de 1997, cuando cambia el sistema de pensiones del IMSS y pasa de uno de pensiones tradicionales a uno de contribución definida, que es el de las afores y a través del cual se le transfiere al trabajador la responsabilidad del ahorro y los riesgos de longevidad y de mercado.

No cabe duda que el tiempo se pasa volando, si a 1997 le sumamos 25 años de trabajo de quienes empezaron su vida laboral en aquel entonces, tenemos que en el 2022 se jubilará la primera generación afore. La mala noticia es que se calcula que los recursos que obtendrán equivalen a 30% de su último sueldo.

Esto destaca la importancia de complementar el ahorro a través del ahorro voluntario y de esquemas que cada vez se han hecho más relevantes desde el punto de vista corporativo, como los planes de pensiones privados. Estos planes tienen tres modalidades: de beneficio definido, contribución definida y mixtos o híbridos, así como los fondos de ahorro y cajas de ahorro, vehículos que buscan atraer talento, disminuir la rotación de empleados y crear una mayor lealtad hacia las empresas.

Ahora bien, entendiendo la importancia del ahorro, hay que asumir un nuevo paradigma: acrecentar el patrimonio tiene que ver no sólo con ahorrar, sino también con saber invertir; es decir, establecer una estrategia de inversión adecuada y diversificada puede ser la diferencia entre vivir y vivir bien en la vejez.

La actual crisis económica ha traído como consecuencia la aparición de múltiples fenómenos que no se habían presentado en el pasado, uno de ellos es la instrumentación de una política monetaria que se ha caracterizado por ser extremadamente laxa. Prácticamente en todo el mundo se pueden observar tasas de interés muy bajas, y en algunos casos como Suiza, tasas nominales negativas.

Esta condición supone que la rentabilidad tradicional del ahorro es muy baja e insuficiente para contar con un patrimonio adecuado en el futuro. En México, la tasa de los Cetes a 28 días es de 3.77% y la inflación anual en abril fue de 2.54%, lo que nos da como resultado una tasa de interés en términos reales de tan sólo 1.2%, lo que implica necesariamente buscar instrumentos de inversión alternativos, como el mercado de valores, que ha demostrado ser la mejor opción de inversión en el largo plazo.

En México, en promedio los planes de pensiones privados invierten 30% en renta variable nacional y 3.8% en extranjera. Un comparativo internacional muestra que estos niveles son relativamente bajos; en Europa, el porcentaje de inversión en Bolsa es de 35%, aunque hay países en donde tienen una mayor vocación de diversificación; así, por ejemplo, España invierte 40% en Bolsa, Irlanda 60% y Reino Unido 65 por ciento.

Habrá que decir que en Europa el problema financiero de las pensiones proviene de un fenómeno demográfico, que se ha reflejado en la caída de 40% en la tasa de natalidad en los últimos 50 años y un incremento en la esperanza de vida de 69 a 80 años en el mismo lapso. Esto ha colapsado la relación entre trabajadores activos a pensionados o dicho de otra manera, cada vez hay menos gente generando la riqueza necesaria para soportar los crecientes recursos que se deben canalizar a los jubilados.

En México tenemos un bono demográfico importante; no obstante, es necesario tomar conciencia del tsunami que representan las pensiones y tomar las medidas necesarias. El escritor francés Charles Augustin Sainte-Beuve dijo: Envejecer es todavía el único medio que se ha encontrado para vivir mucho tiempo . Lo esencial es envejecer con decoro y felicidad.

*El autor es director de Asset Management en Grupo Financiero Monex.

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