Cuando uno atraviesa la madurez laboral y ya cumplió con la mayoría de sus desafíos profesionales, el retiro se ve como algo más inminente. El armado de un plan sólido para retirarse se basa en un concepto fundamental: el ahorro. Y además, en un plan financiero y un orden preciso de su presupuesto.

En esta nota, le acercamos algunos consejos básicos para alcanzar una seguridad financiera a nivel personal y así lograr un retiro tranquilo.

Empezar lo antes posible

Siempre es mejor comenzar a ahorrar desde una temprana edad, así, podrá lograr acumular un capital mayor que le permitirá retirarse lo antes posible. No importa la circunstancia ,tal vez una persona joven puede pensar que cobra poco y que su salario no le permite ahorrar dinero. Siempre se puede, a mayor o a menor escala, resguardar una porción de capital. También está aquel que cree que el tren ha pasado y que es ya tarde para comenzar a ahorrar. Sepa que nunca es tarde para guardar dinero, ya que todo capital sirve para afrontar los gastos el día que se baja el telón laboral.

Tratar a los ahorros como a los gastos

Si bien este subtítulo puede parecer un poco contradictorio, pero lo primordial es tener la misma disciplina con el porcentaje de ahorro mensual que con el dinero que destina a pagar sus gastos habituales.

Diversificar el porfolio

Es una de las leyes de oro del mercado, conocida en la jerga también como no meter todos los huevos en la misma canasta . La diversificación que usted decida para su porfolio de activos variará a partir de tres cuestiones: su edad, su grado de aversión al riesgo y si su objetivo es obtener renta o incrementar su capital.

Si usted es joven puede apostar a un portafolio más arriesgado a través de renta variable, en busca de lograr buenos rendimientos de cara al largo plazo y potenciar el valor de sus activos. Pero, si ya es más adulto, ya aquí posee un capital generado que quiere mantenerlo en movimiento. Entonces, lo más conveniente es armar un portafolio basado en renta fija que le brinde intereses y amortizaciones en tiempos preestablecidos o acciones que paguen dividendos de manera trimestral o anual.

Considerar todos los gastos potenciales en el retiro

Cuando se planea el retiro, suele cometerse el error de no hacer un cálculo preciso del dinero mensual que necesitará para diversos gastos. Por ejemplo, si usted era empleado en relación de dependencia, ahora no tendrá aportes a la obra social, por lo que su precio subirá. También hay que tener en cuenta que, al tener más tiempo libre, el ocio y el entretenimiento seguramente irán en aumento. Por eso, es fundamental trazar una hoja de ruta de gastos en el armado de un plan de retiro.

Establecer plazos de rebalanceo del portafolio

Como habíamos señalado antes, el perfil de inversionista de un joven puede diferir totalmente del de una persona adulta. Es clave que, con el paso del tiempo, vaya analizando lo más conveniente para su porfolio y de esa manera ir rebalanceando según sus necesidades de capital.

Considere los ingresos de su matrimonio

Si está casado o convive con alguien, debe saber si su pareja también tiene un plan de retiro elaborado, ya que de esa manera se realizará una distribución de gastos y por ende se hará más ameno para ambas partes. En caso que su compañero/a de vida no tenga planes de ahorro, usted deberá juntar un capital más oneroso para poder aportar a los gastos corrientes de ambos.

Trabajar con especialistas de las finanzas

Una vez retirado, lo que menos se plantea es seguir experimentando el nerviosismo del día a día de los mercados. Por eso, una vez consolidado su capital, es fundamental no dejarlo quieto. Contacte a un asesor que le maneje el dinero de manera conservadora o activa, o invierta a través de fondos.

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