Está de más enumerar todos los elementos que generan preocupación, desde el bajo crecimiento hasta el conflicto comercial, y los temas de agitación política entre y dentro de muchos países. Este entorno va a prevalecer, no hay señales de que haya un cambio importante de rumbo.

La idea de ofrecerle claves de actuación es simplemente reducir al mayor pragmatismo lo que hemos visto suceder a lo largo del año y con más énfasis en las semanas recientes.

Clave 1: la disputa comercial no termina con el acuerdo reciente entre China y Estados Unidos. Los efectos de dicho acuerdo no se sentirán en la economía global. 

En su más reciente informe sobre el panorama económico mundial publicado esta semana el Fondo Monetario Internacional deja ver que el crecimiento tenderá a ser menor simplemente por los daños ya causados por la imposición de tarifas arancelarias (que no está contemplado que se reduzcan).

En el mismo tema cabe destacar la postura del gobierno estadounidense para presionar a la Reserva Federal a reducir las tasas de interés de referencia. Presión que ha estado muy correlacionada con las amenazas de intensificación del proteccionismo y la interrupción de negociaciones.

El gobierno de Estados Unidos seguirá presionando a la Fed y los conflictos en el orden político seguirán vivos: juicio político a Trump, Brexit, Turquía–Siria, Hong Kong, etc. 

La volatilidad de los mercados es algo que estará presente todo el tiempo.

Clave 2: las autoridades monetarias han disparado casi todas sus municiones. Esto ha sido coincidente también con el menor crecimiento y sobretodo con la expectativa muy negativa que ha permeado en los mercados en distintos momentos de la proximidad de una recesión o de un crecimiento todavía peor.

Considere que, a pesar de que declara que ve una economía creciendo con solidez, la Fed bajará su tasa de referencia si el panorama es malo, y los mercados se ajustan o amenazan con hacerlo. Una caída fuerte de las bolsas implica per se una restricción en el ingreso de los inversionistas que por sí sola podría provocar una recesión.

Si la solución al problema del crecimiento, como ya se plantea en varios foros, es aplicar una política de estímulos fiscales vía menores impuestos o mayor gasto en infraestructura, el financiamiento de aun mayores déficits fiscales requerirá forzosamente de la prevalencia de tasas de interés bajas y de la actividad de recompra de los bancos centrales.

Las tasas de interés seguirán siendo bajas en el entorno global por mucho tiempo.

Clave 3: en México, las tasas de interés seguirán siendo relativamente altas. El ambiente de volatilidad externa se refleja con claridad en los vaivenes del tipo de cambio. Este solo factor mantendrá la cautela del Banco de México sobre la mesa.

Pensamos que el Banco de México reducirá las tasas a la par de la Fed y solo en condiciones muy favorables intentará ser más agresivo. Las cotizaciones de los bonos de largo plazo apuntan a una tasa cercana a 6% para el segundo semestre del 2020, ello implica una tasa real positiva de cuando menos 3 puntos porcentuales y una distancia todavía elevada contra las tasas que veremos en el mundo desarrollado.

Conclusión: si se trata de plazos cortos, sus inversiones en deuda deben preponderar las tasas en pesos o bien dinero a la vista. Apostar en los bonos de largo plazo no tendrá las mismas ganancias que se tienen en el 2019. 

La mayor probabilidad de que se mantengan las bolsas es en Estados Unidos; estimamos rendimientos acotados, pero por el pago de dividendos, la recompra de acciones, la permanencia de un crecimiento positivo, las acciones de empresas en dicho mercado lucen mejor. 

Tasas en pesos y bolsas en Estados Unidos parece ser la combinación más sensata para navegar un entorno que se ha vuelto más complicado e incierto. 

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo: [email protected]    

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