La semana pasada, comentamos en este espacio que en realidad la primera devaluación del siglo XXI se presentó en Europa y no en México. El evento que detonó la devaluación de las monedas europeas fue la decisión del Banco de Finlandia de devaluar la moneda de ese país, el markka, en 12% a finales de 1991, lo que hizo pensar que otros países europeos igualmente podrían faltar al compromiso de defender a toda costa sus monedas.

Así, las presiones sobre las monedas europeas se generalizaron ocasionando un caos no sólo en el mercado cambiario, también en la definición de la política monetaria a seguir en cada país. La banda de flotación que establecía el Mecanismo de Tipos de Cambio (MTC) del Sistema Monetario Europeo (SME) se había estrechado de 6 a 2.25% en enero de 1990, con el propósito de promover una mayor estabilidad de las monedas; sin embargo, en junio, la lira italiana se ubicó en el nivel inferior de la banda y las Reservas Internacionales (RI) cayeron 14% tan sólo en junio en un esfuerzo por contener las presiones sobre la moneda. La misma suerte corrió la libra esterlina el 26 de agosto, por lo que los gobiernos de Inglaterra e Italia anunciaron el retiro momentáneo de sus monedas del MTC.

La conjunción de estos eventos detonó un mayor nerviosismo en los mercados financieros y un recrudecimiento de los ataques especulativos. El 8 de septiembre, Finlandia abandonó su esquema cambiario de tipo de cambio fijo, ocasionando una devaluación inmediata del markka de 15%; el 13 de septiembre Italia, prácticamente ya sin RI, devaluó la lira 7 por ciento.

El 16 de septiembre, el Comité Monetario de la Comunidad Europea rechazó la propuesta de Inglaterra de suspender definitivamente el MTC y autorizó una devaluación de 5% de la peseta. Los países que se negaron a devaluar incurrieron en una pérdida cuantiosa de RI, Francia perdió US32,000 millones, defendiendo al franco, en una sola semana, durante septiembre y el 19 de noviembre. Suecia, abandonó el esquema de tipo de cambio fijo que mantenía con el ECU (por su sigla en inglés), luego de perder US26,000 millones en seis días, algo así como 10% de su PIB. En noviembre de 1992, la peseta y el escudo se devaluaron 3% y el 10 de diciembre, Noruega abandonó su tipo de cambio fijo con el ECU. De septiembre a finales de noviembre, la libra esterlina se devaluó 16% y la lira italiana 14 por ciento.

En 1993, continuaron los ataques. El 30 de enero de 1993, Irlanda devaluó su moneda 10% dentro del MTC y España, ante la pérdida de RI, se vio obligada a devaluar nuevamente su moneda 8% el 13 de mayo, recrudeciéndose los ataques ahora contra el escudo de Portugal que se devaluó nuevamente 6.5 por ciento.

Con estos antecedentes, los ataques de los especuladores se concentraron en el país que más había aguantado devaluar su moneda, Francia. En un solo día, el 29 de julio de 1993, Francia perdió casi US32,000 millones defendiendo al franco. Si caía el franco, las posibilidades de llegar a consolidar el objetivo de una Unión Europea prácticamente se esfumaban. En una medida extrema, los gobernadores de los bancos centrales de Europa decidieron ampliar 15% las bandas del MTC en agosto de 1993. Con un mayor margen de flotación de las monedas, los riesgos de perder apostando en contra de las monedas europeas aumentaron y se logró aminorar la especulación.

La historia de las devaluaciones en Europa muestra lo complicado y doloroso que es para una economía tan relacionada e integrada comercialmente, como la europea, contar con tantos tipos de cambio y sujetos a una gran volatilidad. La verdad es difícil pensar que los países europeos quieran regresar al esquema anterior al euro.

Manuel Guzmán M. es economista en jefe de Ixe Grupo Financiero. Su opinión no representa necesariamente la posición de la institución.

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