Ibercaja no ha conseguido su propósito para de ampliar el plazo para salir a Bolsa hasta 2024. La entidad que preside José Luis Aguirre tenía la intención de ganar tiempo para cotizar con un mercado que valorase más positivamente a las entidades financieras en general y a Ibercaja en particular.

La entidad aragonesa había encontrado en el Real Decreto 536/2017 que modificaba, entre otras cosas, el fondo de reserva de las fundaciones bancarias, una vía para poder ampliar en siete años su salida a Bolsa.

Esta norma amplía el plazo para constituir un fondo de reserva para las fundaciones de las antiguas cajas de ahorros que no quieran perder el control de su banco por su salida a Bolsa hasta el año 2022, periodo que podrá extenderse a 2024 si el Banco de España lo autoriza. Hasta entonces, la fecha límite era 2020.

La institución aragonesa tras analizar la nueva normativa solicitó a Economía la posibilidad de alargar el plazo para salir a Bolsa hasta 2024, tras tomar como referencia la fecha límite del decreto aprobado. Planea apuntarse a la opción de constituir este fondo durante los primeros años para acabar saliendo a Bolsa en el momento en el que considerase que el mercado valoraba a Ibercaja al precio que su cúpula considera el real de sus activos y negocio.

Pero Economía ha rechazado su petición tras argumentar que este decreto solo afecta a las entidades que quieran crear un fondo de reserva en vez de perder el control de su banco tras la venta de parte de la entidad en el mercado o a terceros.

Esta norma así solo tiene un destinatario, Kutxabank, una de las antiguas cajas de ahorros cuyas fundaciones, entre las que destaca BBK, con el 57% de su capital, han optado por pagar una penalización antes que perder el control de la entidad financiera.

Ibercaja vuelve así a su hoja de ruta original que fija también agotar cualquier plazo para cotizar, que en este caso se limita al año 2020. Solo si el mercado sube considerablemente su valoración estaría dispuesta a cambiar su hoja de ruta, aunque defiende que las entidades financieras deben exponerse al escrutinio del mercado.

De nada ha servido tampoco que Unicaja, el banco también origen de una antigua caja de ahorros, y que tenía hasta su cotización una situación similar al controlar su fundación el 86.7% de su capital –la de Ibercaja posee el 87.8% de su banco–, se haya estrenado en Bolsa el pasado 30 de junio.

La entidad que preside Manuel Azuaga inició su andadura en Bolsa pocos días después de que los supervisores europeos intervinieran y vendieran Banco Popular a Santander, lo que influyó negativamente en la valoración del banco de origen malagueño, pese a ello, su estreno en los mercados no ha sido tan negativo, según apuntan varios analistas.

Ibercaja, sin embargo, está convencida de que su precio es superior al que aún le otorgan los bancos de inversión. A finales del pasado año, de hecho, rechazó una oferta encabeza por Apollo y otros fondos para venderles el 20% de su capital. Las negociaciones llevaban meses gestándose, pero Ibercaja consideró al final muy baja su valoración realizada por JPMorgan de menos de 1,700 millones, entonces ligeramente por debajo de 0.7 veces su valor en libros.

Ibercaja, que cuenta con unos activos de 57,176 millones de euros, tiene una ventaja sobre Unicaja. Ya ha devuelto gran parte de las ayudas, 223.6 millones de euros, recibidas por Caja 3 (resultado de la fusión de CAI, Caja Badejoz y Caja Círculo) tras su absorción 223.6 millones de las ayudas públicas que otorgó el Estado a Caja 3 Unicaja tenía que devolver los 604 millones de dinero público inyectado por el FROB a Caja España Dueros (Banco Ceiss) antes de abril de 2018, factura que con su salida a Bolsa solventará.

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