De hecho, en la medida en que se vaya conociendo más detalle la forma en la que se instrumentará dicha salida, se tendrán más elementos para cuantificar el impacto económico de dicha decisión.

Una muestra de que el Brexit tendrá un efecto importante sobre la actividad económica del Reino Unido es la reciente decisión del Banco de Inglaterra (BE) en su última reunión de política monetaria, en la que se anunció no sólo un nuevo objetivo para la tasa de interés de referencia sino también un paquete de medidas de estímulo monetario.

Efectivamente, el BE decidió, de manera unánime, recortar la tasa de referencia en 25 puntos base (pb) para ubicarla a partir del 4 de agosto en 0.25 por ciento.

Si bien es cierto que esta disminución era ampliamente esperada por el consenso de los analistas, hay que recordar que este es el primer recorte que realiza el BE desde el 2010, lo que refleja su gran preocupación por evitar una recaída severa de la economía.

Más aún, la mayoría de los miembros del Comité de Política Monetaria espera un recorte adicional de la tasa de interés de referencia antes de que concluya el presente año, aunque destacaron en el comunicado que no están a favor de mantener tasas de interés negativas, por lo que es altamente probable que el siguiente recorte sea de 20 pb, para dejarla en 0.05 por ciento.

Además de que se establece este nuevo recorte, el BE anunció la instrumentación de medidas de estímulo monetario con el fin de complementar el impacto en la disminución de la tasa de interés.

El conjunto de estas medidas implicará la expansión de la hoja de balance del banco central en 170,000 millones de libras (mdl).

El paquete incluye a) la compra de 10,000 mdl de bonos corporativos en los próximos 18 meses, b) la compra de 60,000 mdl de bonos gubernamentales en los próximos seis meses, de manera tal que el programa de recompra de activos es ahora de 435,000 mdl en lugar de los 375,000 d anteriores y c) un plan de préstamos a los bancos por 100,000 mdl.

Las medidas adoptadas por el BE tuvieron básicamente dos catalizadores, la depreciación de la libra esterlina, que seguramente terminará impactando el desempeño de la inflación para llevarla al objetivo de 2% en el corto plazo, con la perspectiva de que sobrepase este nivel más adelante; por otro lado, la desaceleración económica que se espera a raíz de la salida del Brexit.

En este sentido, el BE actualizó las principales proyecciones macroeconómicas en su Reporte Trimestral de Inflación. En este documento destaca un importante ajuste a la baja en su estimación de crecimiento del PIB para el 2017 de 2.3 a 0.8%; mientras que para el 2018 la proyección pasó de 2.3 a 1.8%, enfatizando la debilidad que se espera para el consumo y la inversión.

En otras latitudes, el Banco de Japón (BJ) llevó a cabo su reunión de política monetaria y aunque también decidió instrumentar una estrategia de mayor expansión monetaria, la tasa de interés se mantuvo sin cambios. La decisión del BJ se basó en el hecho de que la economía de la isla atraviesa por una marcada desaceleración, con un PIB que se contrajo 1.2% en términos anuales durante el segundo trimestre del año.

Por su parte, los precios al consumidor registraron una variación de tan sólo 0.2% en el mes de agosto, debido a un demanda agregada que no ha logrado crecer a pesar de los esfuerzos fiscales y monetarios que se han realizado en el pasado.

Hay que recordar que el banco central tiene como mandato contribuir a un desarrollo armónico de su economía, garantizando la estabilidad de los precios. No obstante, en la medida en que este objetivo no se ha alcanzado, es altamente probable que se sigan observando nuevos estímulos monetarios.

Con este antecedente, los primeros días de agosto el BJ aprobó un paquete de medidas de estímulo que busca compensar el impacto negativo que pudiera tener el Brexit sobre la actividad económica de la isla así como propiciar mayores precios. Este plan incluyó mayor inversión pública, mayores recursos para el sector agrícola y el de turismo, entre otros, por un monto de 28 billones de yenes. El gran reto del BJ es sacar al país de la mayor etapa de deflación de su historia y lograr una mayor actividad económica, lo que permite anticipar mayores estímulos en el futuro.

Por su parte, la economía de Estados Unidos ha dado signos de una mayor actividad económica y de un mayor fortalecimiento de su mercado laboral, por lo que la Reserva Federal ha adoptado una posición diferenciada. Efectivamente, en su reunión del pasado 27 de julio, la Fed decidió mantener el objetivo de la tasa de interés entre 0.25 y 0.5%, lo que eliminó un factor de riesgo para los mercados financieros, aunque dejó abierta la posibilidad de un incremento antes de que concluya el año.

La Fed sigue manejando el discurso de que el proceso de normalización de la política monetaria será gradual y dependiente de la evolución de los datos económicos; en este sentido, la evolución de variables como el empleo, las ventas internas así como la evolución del sector inmobiliario apuntan a que la economía avanza a paso firme.

Este combo de datos, que resultaron mejor a lo esperado, aumenta la probabilidad de que se presente un incremento en las tasas de los bonos federales en la reunión de septiembre. De no hacerlo, la Fed tendría que esperar a conocer los resultados de las elecciones presidenciales que se llevarán a cabo el martes 8 de noviembre.

En este escenario, donde los bancos centrales instrumentan programas monetarios divergentes, será interesante observar el análisis que realice Banco de México en su reunión de mañana. Los dos caminos son: aumentar la tasa de política para evitar efectos de segundo orden derivados del incremento en algunos bienes y servicios como la gasolina o posponer el incremento para no inhibir el desempeño de la demanda agregada y actuar en tándem con la Fed. Me parece que el instituto central se inclinará por la segunda.

*Manuel Guzmán Moreno es director de Asset Management en Monex Grupo Financiero.

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