La incertidumbre y la volatilidad se han hecho presentes de manera rotunda en los mercados financieros internacionales. Tanto las bolsas de valores como las monedas de los países emergentes ligan tres semanas de comportamientos negativos, ante el fantasma de que la economía global se enfile a un recesión derivada de un menor dinamismo de la economía estadounidense y la franca desaceleración de China

De esta forma, una menor aportación al crecimiento de las dos economías más grandes del mundo ha llevado a pensar a algunos analistas que la crisis que se avecina podría ser incluso más severa que la del 2009. Sin dejar de reconocer que existen varios focos de preocupación, las estadísticas apuntan a que el mundo se encuentra lejos de una crisis económica.

Para tener una idea más veraz de dónde estamos parados, vale la pena revisar el documento sobre el panorama global del FMI dado a conocer recientemente y en el que se destaca que el mundo registrará un crecimiento de 3.4% en este 2016 y 3.6% en el 2017, frente al crecimiento de 3.1% en que se expandió el PIB mundial el año anterior.

De acuerdo con el FMI, el conjunto de países avanzados se expandirá 2.1% en el presente año, por encima de 1.9% del 2014. Prácticamente todos los países avanzados, con excepción de España, registrarán en el 2016 tasas de crecimiento superiores a las del año pasado, destacando los casos de Canadá, Italia y Japón.

Para el bloque de países emergentes el organismo internacional estima un crecimiento de 4.3% para el 2016 y de 4.7% para el 2017, por encima de 4.0% registrado en el 2015. Entre los países que registrarán un mejor desempeño en el 2016 sobresalen: India, con 7.5%, China, 6.3% y México, 2.6 por ciento.

A diferencia de los países avanzados que registraran, en bloque y en lo individual, tasas positivas, dentro del grupo de emergentes se pueden encontrar naciones que están en franca recesión. Éste es el caso de Rusia, que en el 2015 -se estima- cayó 3.7%, mientras que, para este 2016, el FMI proyecta una contracción de 1.0 por ciento. En el caso de Latinoamérica, destaca Brasil, que cayó 3.8% el año pasado y, para el presente, se espera una nueva contracción de 3.5 por ciento.

Así las cosas, de esta primera lectura del documento del FMI se puede concluir que, efectivamente, no se espera una recaída del mundo, aunque claramente existen factores de riesgo y situaciones particulares en ciertos países que hay que seguir de cerca.

El caso de China es uno de los más relevantes, toda vez que su desaceleración ha sido vista como el antecedente de un declive a nivel mundial. Es cierto que la desaceleración es marcada; todavía en el segundo trimestre del 2011, el PIB repuntó 10.0%, y, en el tercero del 2013, creció 9.2%, sin embargo, la tendencia ya apuntaba hacia un menor ritmo de expansión.

Lo que llamó la atención es que, en el cuarto trimestre del 2015, el PIB de China creció sólo 6.4% y, en todo el año, 6.8%, por debajo de la meta oficial que era 7 por ciento. No obstante, habrá que acostumbramos a tasas de crecimiento más modestas por parte del gigante asiático, toda vez que el ritmo de expansión a tasas de dos dígitos no sólo era insostenible, sino que además estaba causando desequilibrios que eventualmente hubieran sido más peligrosos para la economía del mundo.

Hay que entender que el modelo económico de China está cambiando radicalmente y tomará todavía mucho tiempo antes de que concluya. En el 2005, el sector industrial representaba 50% del PIB y el sector servicios, cerca de 40 por ciento. Una década más tarde, se pueden apreciar los resultados del cambio de paradigmas al interior de la economía de China: el sector industrial representa 42% del PIB y el de servicios, 48 por ciento.

A pesar de estos avances el camino por recorrer es largo. En economías más modernas como la mexicana, los servicios representan 70% del PIB, por lo que habrá que tener paciencia con China y entender que la economía no se está resquebrajando sino que está instrumentando un modelo de crecimiento.

En cuanto a Estados Unidos, el FMI espera un crecimiento de 2.6% para el 2016, ligeramente superior a 2.5% registrado en el 2015; no obstante, este ritmo de expansión para una economía del tamaño de la estadounidense es, sin lugar a dudas, altamente alentador.

Sin embargo, los ISM manufacturero y no manufacturero se encuentran cerca de los 50 puntos, frontera que divide el ciclo económico entre expansión y recesión, lo que preocupa a los analistas que perciben un riesgo importante de que la economía se pudiera desacelerar más de lo anticipado. En contraste, se puede decir que la construcción de vivienda y la confianza del consumidor han consolido una tendencia alcista, de hecho, este último indicador se encuentra en niveles superiores a los existentes antes del estallido de la crisis hipotecaria.

El día de hoy tendremos la decisión de la Fed en términos de política monetaria y es altamente probable que mantenga sin cambio las tasas de interés de los bonos federales, sobre todo porque las solicitudes por seguro de desempleo se han venido incrementando recientemente.

Claramente existen focos de atención que deberán de ser atendidos por las autoridades financieras de todos los países, sin embargo, me parece que el mundo no entrará en una etapa de recesión. Habrá que esperar a que se cierre el actual paréntesis de volatilidad para que los mercados retomen una tendencia positiva.

*Manuel Guzmán es director de Asset management en Grupo Financiero Monex.

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