El grupo Coca-Cola se apresura a completar para el próximo año la venta de sus operaciones de fabricación y distribución en Estados Unidos para concentrarse en un negocio mucho más rentable: hacer el concentrado.

Esta importante desinversión no era lo que Coca-Cola tenía en mente cuando adquirió hace seis años su mayor embotelladora por 12,300 millones de dólares.

Inicialmente, la empresa planeaba otorgar como franquicias los camiones de distribución y centros de almacenamiento y quedarse con las plantas embotelladoras. La idea era cerrar algunas y modernizar otras y crear una presencia manufacturera en EU que le permitiera reaccionar con agilidad a los cambios en los gustos de los consumidores. La estructura también tenía como objetivo negociar directamente con las cadenas minoristas.

Las embotelladoras socias de la compañía, sin embargo, no querían los camiones sin las plantas. Coca-Cola acordó en septiembre vender algunas fábricas en EU. El mes pasado, informó de que las vendería todas.

Los inversionistas empezaron a perder la paciencia después de que la empresa no cumpliera sus objetivos de ganancias durante los dos últimos años, lo que la dejó como un posible blanco de adquisición en medio de especulaciones de que el coloso cervecero Anheuser-Busch InBev podría hacer una oferta dentro de unos años.

Además, el equipo de gestión de Coca-Cola sabe que tiene que mostrar resultados para evitar convertirse en presa de una adquisición. "El reloj está avanzando", señala Carlos Laboy, analista de bebidas del banco británico HSBC.

Desprenderse de operaciones con muchos activos tendrá un impacto importante. Coca-Cola estima que sus ingresos descenderán de 44,300 millones de dólares en 2015 a 28,500 millones este año debido a las ventas anunciadas el mes pasado. El margen operativo pasará del 23% al 34% y el personal se reducirá de 123,000 a 39,000 empleados conforme plantas, centros de almacenamiento y camiones que son intensivos en capital salen del estado financiero.

Rebaja de ráting

De todos modos, Standard & Poor's redujo a finales de febrero en un peldaño la calificación de Coca-Cola para dejarla en AA-, aún en grado de inversión. La agencia de ráting indicó que si bien la venta de activos debería reducir la deuda, no era suficiente para mantener la nota de AA.

Coca-Cola es dueña de Bottling Investments Group, su embotelladora para los mercados de Uruguay y Guatemala, y posee participaciones minoritarias en Coca-Cola FEMSA, Arca Continental, Embotelladora Andina y Solar. Coca-Cola FEMSA, filial de Fomento Económico Mexicano , y Arca Continental distribuyen la mayoría de las bebidas de Coca-Cola en América Latina. Coca-Cola no contempla cambios en la región, dijo un portavoz.

Coca-Cola no es la única empresa que busca aliviar su carga de activos. Operadores de hoteles como Marriott International han sacado propiedades de sus libros a través de acuerdos de franquicias o contratos de gestión en los últimos años. Darden Restaurants, presionado por un inversor activista, anunció el año pasado que transferirá cientos de restaurantes a un fideicomiso de inversión en bienes raíces que cotizará en bolsa.

Las empresas de alimentos, sin embargo, a menudo utilizan distribuidores y se encargan de la producción para controlar la calidad y conservar la capacidad de lanzar productos. PepsiCo no tiene planes de vender sus dos embotelladoras más grandes en EU, que adquirió en 2010 por 7,800 millones de dólares.

Coca-Cola dice que históricamente los socios estadounidenses más pequeños han sido mejores distribuidores debido a su énfasis local, y que una nueva estructura de toma de decisiones entre las embotelladoras asegura que la fabricación se beneficie de una escala nacional.

"La unión de lo nacional con lo local es lo mejor de los dos mundos", dice Sandy Douglas, jefe de las operaciones de Coca-Cola en América del Norte.

Embotelladora gigante

No es la primera vez que la empresa, cuyo principal activo son sus marcas, ha tenido este problema. Coca-Cola creó una embotelladora gigante en EU, Coca-Cola Enterprises (CEE), en la que conservó una participación del 49% cuando esta salió a Bolsa en 1986.

No obstante, la matriz y la filial chocaron en cuestiones de precios y estrategias. Cuando Coca-Cola adquirió los activos estadounidenses de CEE en 2010, la embotelladora ya era "un problema de 25 años" debido a inversiones inadecuadas, dijo recientemente a analistas Muhtar Kent, presidente ejecutivo de Coca-Cola.

Aunque la empresa dice que ha avanzado y logrado ahorros anuales de 350 millones de dólares, apenas ha cerrado una décima parte de las casi 60 fábricas de gaseosas en su poder, comparado con el objetivo de entre un tercio y la mitad, según cálculos previos de algunos ejecutivos.

Coca-Cola ha invertido en infraestructura como equipos para fabricar latas más pequeñas. El año pasado, inauguró un centro de distribución regional en Memphis. También desarrolló una plataforma común de tecnología de la información para compartir con sus socios y un grupo nacional de suministro de productos.

Sin embargo, cambios más amplios resultaron difíciles, en parte porque alrededor del 25% del territorio de EU permaneció en manos de decenas de pequeñas embotelladores que no estaban interesadas en vender o ceder el control. Coca-Cola tiene 68 embotelladores en EU, en comparación con las 73 que poseía en 2010.

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