Los bonos azules están surgiendo como una nueva alternativa para financiar proyectos relacionados con el cuidado y preservación de los océanos y el agua. Aunque aun son instrumentos emergentes se prevé una potencial demanda y emisión ante la problemática que representan estos temas.

“Hace 10 años un conjunto de emisiones sentó las bases para el mercado de bonos verdes y, desde entonces, ha experimentado un crecimiento exponencial llegando a más de 1 billón de dólares en en el mundo. Hoy, los bonos azules están donde estaban los bonos verdes hace una década, y el mercado está preparado para ver un crecimiento igualmente rápido”, destaca un informe de BID Invest y el Pacto Mundial de las Naciones Unidas.

En ello coincidió Prableen Bajpai, fundadora de FinFix Research and Analytics, firma de investigación financiera y gestión patrimonial de mujeres, quien explicó en un análisis que “aunque es demasiado pronto para medir la tasa de crecimiento de este mercado, los instrumentos ayudan a crear conciencia sobre los problemas marinos”.

Los bonos azules son "instrumentos de deuda emitidos por gobiernos, bancos de desarrollo y otras entidades para recaudar capital entre inversionistas de impacto para financiar proyectos marinos y oceánicos con beneficios ambientales, económicos y climáticos positivos", dice el Banco Mundial.

Hay pocos emisores hasta ahora. El primer bono soberano de este tipo en el mundo fue colocado por la República de Seychelles en el 2018, por 15 millones de dólares.

Asimismo, en enero del 2019, Nordic Investment Bank (NIB) lanzó un bono azul nórdico-báltico por 2,000 millones de dólares.

En octubre de 2020, NIB emitió otro bono azul por 1,500 millones de dólares. El Banco Mundial colocó uno en abril de 2019.

Otra emisión fue la del Banco de China en noviembre de 2020. En 2021, BID Invest emitió el primer bono azul en América Latina y el Caribe por 50 millones de dólares australianos.

También el gobierno de Belice emitió un bono azul en este año y Fiji alista su debut en este mercado de renta fija para el veranos del 2022.

judith.santiago@eleconomista.mx