El conglomerado estadounidense de inversiones Berkshire Hathaway hizo pública la carta con la que su presidente, Warren Buffett, se dirige cada año a sus accionistas.

En ella, el financiero de 87 años destacó la positiva evolución de la compañía en el pasado ejercicio, cuando el beneficio casi se multiplicó, hasta 44,940 millones de dólares, gracias a la reforma fiscal de Estados Unidos.

Los cambios han supuesto un impacto extraordinario positivo de 29,000 millones de dólares para Berkshire.

El valor en libros por acción de la compañía subió 23% en el 2017; la caja del grupo se disparó a 116,000 millones de dólares.

El mercado se pregunta qué hará Buffett con esa cantidad de dinero, pero el llamado oráculo de Omaha, conocido por su visión conservadora y a largo plazo, recuerda en su carta que el precio “resultó ser una barrera para, prácticamente, todas las ofertas que revisamos en el 2017”, cuando las empresas alcanzaron precios históricos.

Buffett se muestra en contra de la asunción excesiva de riesgos en las operaciones de adquisición. “Si un CEO ansía cerrar un acuerdo, nunca faltarán las previsiones que justifiquen la compra. Si el rendimiento histórico del objetivo no llega a validar su adquisición, se producirán grandes sinergias. Las hojas de cálculo nunca decepcionan”, resume Buffett, poco partidario también del endeudamiento.

“La amplia disponibilidad de deuda extraordinariamente barata en el 2017 impulsó aún más la actividad de compra. En Berkshire, en cambio, evaluamos adquisiciones sobre una base de capital total, sabiendo que nuestro gusto por la deuda total es muy bajo”, dijo en su carta.

Buffett mantuvo su habitual tono optimista para referirse a la compañía, pero evitó opinar sobre sus perspectivas sobre la evolución de la economía de EU.