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Burnham, la última esperanza de los laboristas
Hace cuatro años, Andy Burnham se quejó de que se le hubiera denegado en repetidas ocasiones la posibilidad de intervenir en el escenario principal del congreso del Partido Laborista bajo el liderazgo del primer ministro Keir Starmer, afirmando que era una falta de respeto hacia su cargo de entonces como alcalde del Gran Mánchester.

Mánchester. Hace cuatro años, Andy Burnham se quejó de que se le hubiera denegado en repetidas ocasiones la posibilidad de intervenir en el escenario principal del congreso del Partido Laborista bajo el liderazgo del primer ministro Keir Starmer, afirmando que era una falta de respeto hacia su cargo de entonces como alcalde del Gran Mánchester.
Hubo cierta simpatía hacia uno de los políticos laboristas más populares, pero ahora, mientras aspira a convertirse en el séptimo primer ministro británico en una década, debe demostrar que puede ocupar el centro del escenario, ganarse a los votantes y superar las limitaciones económicas que lastraron a sus predecesores.
El argumento de Burnham es que solo él tiene el carisma político para conectar con los votantes y derrotar al partido populista y antiinmigración Reform UK, liderado por Nigel Farage, que ha liderado todas las encuestas desde principios del año pasado.
Sus partidarios ven a Burnham, quien se ganó el apodo de "Rey del Norte" por su defensa de la zona durante la pandemia de Covid-19, como un líder que dejó huella al frente de uno de los pocos casos de éxito regional de Reino Unido en los últimos años.
Sin embargo, sus críticos le describen como alguien que ha cambiado continuamente sus posiciones políticas y ha tratado de presentarse como un “hombre normal del pueblo” en lugar del político de carrera con un alto nivel de formación que es en realidad.
Burnham nació en Liverpool. Consiguió una plaza para estudiar en la Universidad de Cambridge y, tras graduarse, siguió una ruta política habitual, primero como investigador y luego como asesor en el Parlamento.
Ocupó primero un cargo de subsecretario bajo el mandato del ex primer ministro Tony Blair y, posteriormente, los de secretario de Cultura y de Salud bajo el mandato de Gordon Brown.
