Nunca se puede decir que es un gran día cuando un ex director del FBI llama mentiroso al presidente; sin embargo, tomando en cuenta los elevados riesgos a los que se enfrentaba Donald Trump, el testimonio de James Comey resultó positivo para el presidente.

En cierto sentido, Comey declaró mucho de lo que Trump quería escuchar: confirmó que el presidente nunca estuvo bajo investigación y nunca dijo que había cometido un delito.

El comportamiento de Trump hacia Comey durante las conversaciones que reveló el ex director del FBI es indefendible: torpe, ingenuo y zalamero. Sin embargo, está muy lejos de revelar acciones de un delincuente.

Hasta el día de ayer resultaba fácil poner en la mira a Comey por parte de demócratas y republicanos. Tropezó en el caso de los correos electrónicos de Hillary Clinton, y se quedó pasmado durante demasiado tiempo en el caso de Trump.

Comey no reveló nada que pueda involucrar a Trump con la obstrucción de la justicia; ni en sus conversaciones telefónicas, ni en el Despacho Oval ni en el Salón Verde en donde cenaron.

Los liberales van a pensar lo contrario, pero han de estar decepcionados al ver que su bala de plata fue derretida.

En cuanto a la investigación del FBI sobre Michael Flynn, Comey declaró que Trump le dijo: Espero que pueda pasar esto . Si Comey hubiera creído que el presidente obstruía la justicia al hacer esa declaración, hubiera tomado medidas de manera inmediata para perseguir el asunto. Comey no lo hizo y Trump nunca estuvo bajo su investigación mientras estuvo al frente del FBI.

Si Trump deja a sus abogados el caso que lleva el fiscal Robert Mueller, el presidente saldrá libre de culpa sobre el caso ruso.

Todos en la Casa Blanca deben de estar festejando.