Unas 112 personas perdieron la vida en los enfrentamientos registrados esta semana entre budistas y una minoría musulmana del oeste de Birmania, ante la inquietud creciente de la comunidad internacional que teme por el proceso de reformas

Tras varias semanas de aparente tranquilidad en el Estado de Rajin, la violencia entre budistas de la etnia rajin y rohingyas, una minoría musulmana considerada por la ONU como una de las más perseguidas en el mundo, volvieron a estallar en los últimos días.

"Hasta esta mañana (viernes), han muerto 51 hombres y 61 mujeres", indicó a la AFP Win Myaing, portavoz del gobierno del Estado Rajin, quien precisó que las dos comunidades han registrado víctimas.

El responsable precisó que más de 70 personas resultaron heridas y unas 2.000 casas fueron incendiadas.

Al menos 75.000 personas, en su gran mayoría rohingyas, fueron desplazadas en la primera ola de violencia. Los últimos días son miles los que llegan a pie o en barco hacia los campamentos en los alrededores de Sittwe, capital del Estado de Rajin. Los campamentos están abarrotados y faltan alimentos así como cuidados médicos para los desplazados.

La crisis ya es problemática para el presidente Thein Sein, que multiplicó las reformas desde que accedió al poder en marzo de 2011. El exgeneral lanzó negociaciones con las rebeliones étnicas, algunas de las cuales están en conflicto con el poder de Naypyidaw desde la independencia en 1948.

Pero la violencia en el Estado de Rajin es de otra naturaleza.

En uno de los Estados más pobres del país, desde hace décadas se oponen dos comunidades. Desde junio, cuando comenzaron los enfrentamientos, más de 200 personas murieron, según las cifras oficiales que muchas organizaciones estiman por debajo de la realidad.

Los 800.000 rohingyas viven confinados en el Estado de Rajin y no forman parte de grupos étnicos reconocidos por el régimen de Naypyidaw, ni por muchos birmanos que los consideran la mayoría de las veces como inmigrantes bangladesíes ilegales y no esconden su hostilidad hacia ellos.

Pero la comunidad internacional se inquieta por estos musulmanes, que hablan un dialecto similar al que se utiliza en la vecina Bangladesh.

"Los ataques de grupos de autodefensa, las amenazas dirigidas y la retórica extremista deben detenerse", afirmó un portavoz del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, en declaraciones transmitidas a Rangún.

"Si no se hace, la trama social podría damnificarse de forma irreparable y el proceso de reforma y apertura que actualmente realiza el gobierno es susceptible a estar en peligro", agregó.

Estados Unidos instó "a las partes a actuar con moderación y poner fin de inmediato a todos los ataques" y reclamó esfuerzos para "lograr la reconciliación nacional en Birmania".

El viernes, el diario oficial en inglés New Light of Myanmar publicó en tapa un comunicado de Thein Sein en el que prometía volver a instaurar la tranquilidad.

"La comunidad internacional observa el progreso en curso en Birmania con interés", subrayó. "Individuos y organizaciones proceden a manipular (...) se tomarán medidas legales contra ellos", añadió.

En este contexto las principales organizaciones musulmanas de Birmania anularon las celebraciones del Aid al Adha, una de las principales fiestas del islam que comenzó este viernes.

Por su parte, la violencia hizo resurgir el fantasma del exilio masivo de los rohingyas, especialmente hacia Malasia, en un volumen mayor con respecto a años anteriores.

"Ya hemos constatado un aumento de la cantidad de barcos que parten no sólo de Birmania pero también de Bangladesh", señaló a la AFP Vivian Tan, portavoz de la Agencia para Refugiados de la ONU.

Bangladesh, que en junio frenó varios barcos de refugiados rohingyas, anunció por su lado que reforzará sus patrullas fronterizas para impedir la llegada de más barcos.

RDS