San Juan. Decenas de miles de puertorriqueños han estado tomando las calles de adoquines azules para exigir la renuncia del gobernador Ricardo Rosselló en medio de denuncias de corrupción y de la revelación de un chat grupal.

Las protestas, cada vez más intensas, son consecuencia de la indignación generalizada que ha desafiado la ya tenue credibilidad de su gobierno y ha puesto en peligro la distribución de la ayuda federal necesaria a un territorio que todavía está recuperándose del huracán.

María, el feroz huracán que en el 2017 atravesó toda la isla, dejó sin electricidad durante meses al país y destruyó infraestructura, enviando a personas a refugiarse en Florida, Nueva York y otros lugares.

Finalmente llegó la crisis de los chats execrables de un grupo al que pertenecen Ricardo Rosselló y otros funcionarios.

En uno de ellos, el jefe financiero Christian Sobrino (quien renunció tras el escándalo) bromeó sobre los cadáveres que se acumulaban en la morgue.

“Ahora que estamos en el tema, ¿no tenemos algunos cadáveres para alimentar a nuestros cuervos?”, escribió, al parecer en referencia a los críticos de su gestión.

Del otro lado del espectro político, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aprovechó para criticar al gobernador, con quien ya se había enfrentado verbalmente porque cuestionaba el honesto manejo de los fondos federales adjudicados por Washington.

“Hay muchas cosas malas que están pasando en Puerto Rico. El gobernador está asediado”. Aunque los puertorriqueños “son geniales”, añadió, “muchos de sus líderes son corruptos y están robándole abiertamente al gobierno de Estados Unidos”.

La crisis apremia a Rosselló.